¿Cambio, cuál cambio?

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Por Uriel Flores Aguayo

Según las voces oficiales en Veracruz está ocurriendo un cambio político en términos de transformación. No hay aparición pública, apertura o inauguración de obras (pequeñas) que no incluya la referencia al supuesto cambio. Todavía acuden al pasado para compararse o justificar deficiencias.

El caso es que según su discurso son protagonistas de una regeneración política y en general. Esa es su narrativa y nivel discursivo. Sin mayores argumentos piden ser admitidos como actores casi revolucionarios.

Hay mucho de poses y clara soberbia en esos aires de superioridad moral y en general respecto del resto de los mortales veracruzanos. En mucho les ayuda la imponente fuerza de AMLO, su popularidad se sobrepone a cualquier carencia local. Para defenderse y promoverse los locales lo ponen por delante. Su figura atenúa las fallas estatales. El tiempo va distinguiendo, poco a poco, los niveles federales y locales, dejando más claros los alcances y responsabilidades de cada quien.

Uno vive aquí, es testigo cotidiano de lo que hace el gobierno, a veces analiza la vida pública y hasta opina al respecto. Por experiencia es de obviedad definir la calidad de sus autoridades y representantes. Se aplica el sentido común. No se descubre el hilo negro.

Al discurso rimbombante y las proclamas cuasi heroicas se le empareja la realidad. Si uno la observa con seriedad, es gris y repetitiva. El gran cambio es de papel y artificial. Es un cambio de nombres, caras y colores. Para hablar de cambio democrático lo básico es: Estado de Derecho, división de poderes, elecciones libres, protección de los derechos humanos, seguridad ciudadana, políticas públicas eficaces y funcionarios competentes; eso es lo básico.

Se podría hablar de visiones y estrategias para un desarrollo social democrático en un contexto moderno de la globalización. Pero nos quedamos con lo básico para el examen del cambio. Es indispensable cotejar cada uno de esos espacios y establecer cómo eran y cómo están ahora.

No hay cambio si no hay división de poderes, no hay cambio sin Estado de Derecho pleno, no hay cambio sin elecciones libres, no hay cambio sin políticas públicas eficaces, no hay cambio con una precaria seguridad, no hay cambio con funcionarios amigos y de partido.

No habría cambio porque es lo mismo que antes. Tampoco hay cambio si el régimen se sostiene sobre las bases del clientelismo y el corporativismo, como ha sido siempre: priismo sin PRI. No hay cambio si se manipulan los programas sociales, lastimando la dignidad de las personas.

Pienso que asumirse de izquierda requería definiciones concretas y locales para hacer coherente el discurso con la práctica de gobierno. Era un reto enorme establecer categórica diferencia con el pasado. Ser mucho mejores en capacidades, competencias y creación de un ambiente honesto. Refugiarse en las proclamas, propaganda y retórica ha sido su camino fácil pero fallido.

Lo que ha seguido estos años, ya en el poder, es un monótono hueco, superficial e intrascendente. El cambio sigue siendo un sueño y una tarea pendiente. No quisieron o no pudieron hacerlo los actuales gobernantes; se fueron por la vía fácil de la repetición del viejo sistema y el autoritarismo. Carecieron de una política democrática que se basara en el diálogo y el pluralismo. Llegaron tan fácil, sin esfuerzo, que no consideraron hacer bien las cosas. Están perdiendo una oportunidad histórica de hacer cambios. Lástima. Sin voluntad, calidad y honradez políticas no es posible hacer mucho. La lucha sigue…

Recadito: grata la libertad de José Manuel del Río Virgen.

Ufa.1959@gmail.com