Quebradero

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¿Nuevos escenarios?

 

Por Javier Solórzano Zinser

Morena puede ir por la libre en varios estados en las elecciones del año que entra; sin embargo, está a la vista que en otros requiere de alianzas.

Presumimos que las recientes votaciones en el Congreso con el rechazo a la reforma electoral, la cual, por cierto, terminó en reforma administrativa, sirva de lección.

Morena es el único partido que puede ir solo en buena parte del país. Los demás requieren de apoyo o de alianzas. Habrá excepciones en algunos estados en donde el PAN podría ganar yendo solo, pero el país está parcialmente definido y los partidos de oposición para ganar o competir en la mayoría de los casos requieren de alianzas.

Pudiera darse el caso de que bajo las actuales circunstancias, propias del desgaste en el ejercicio del poder de Morena, pudiéramos tener algunas sorpresas. Pero por como están las cosas, todo apunta a que, con algunas derrotas, el partido en el poder conservará buena parte de lo que hoy tiene.

Lo importante será conocer si ha avanzado la oposición. No hay por ahora elementos como para pronosticar un cambio significativo en la correlación de fuerzas. Hay un sector de la población profundamente crítico del gobierno. Ciertamente ha crecido, pero el gobierno y su partido siguen teniendo a buena parte de la población con base en los programas sociales, que son la línea directa hacia el voto.

El año que entra podremos saber si por fin la oposición se ha quitado de encima el tsunami que viene arrastrando desde el 2018. El voto masivo en favor de Morena se ratificó en 2024, pero con variantes importantes a considerar. La más relevante es que la Presidenta alcanzó el 56% de los votos, lo que quiere decir que un poco menos de la mitad de la población no votó por ella.

La popularidad de la mandataria es inobjetable por más que la oposición esté presentando encuestas hechas fuera del país en que la Presidenta aparece con números más bajos. No hay manera de mover por ahora ese escenario.

Tenemos una dicotomía desde el sexenio pasado. Por más promesas que se hicieron sobre temas como la corrupción, la inseguridad, la economía —sigue resonando el famoso 10 pesos por litro de gasolina—, este gobierno y el anterior no han podido superar o por lo menos encauzar nuevas directrices.

La popularidad no está a discusión, lo que está en medio es la evaluación del trabajo del gobierno en temas que son de primera importancia. Evidente que mientras haya programas sociales se va a mantener una empatía por parte de los millones de seguidores que tiene la 4T, es esta estrategia, en buena medida, el fundamento del poder sin pasar por alto el uso discrecional, basta recordar las muchas barbaridades que se dijeron en el pasado sexenio sobre el tema.

La oposición tiene que aprender a vivir y ganar con las reglas del nuevo régimen. Está buscando variantes en sus estrategias, las cuales mucho tienen que ver con lo que tanto criticaron de Morena.

Pero la clave seguirá estando en no solamente despotricar el nuevo régimen, sino en avanzar en territorio y tener votos que lo hagan competitivo. Quizá lo más importante del año que entra es que la oposición le pueda meter sustos al gobierno y a Morena. Si esto sucede, se tendrán que ajustar muchas de las cosas que hoy se hacen de manera unilateral.

Es un hecho que el gobierno y su partido tienen la sartén por el mango y viven más preocupados por ver cómo pueden ajustar su alianza con el PT y el PVEM, más que pensar en los partidos de oposición, a los cuales, además les toma distancia y los desprecia.

La posibilidad de los nuevos escenarios se está jugando desde ahora. Lo que no se vislumbra, es un cambio dramático en el 2027, lo que no dudamos es que la 4T se lleve un susto que a todos caería bien.

RESQUICIOS.

El derrame petrolero es una historia de errores y horrores. Los ciudadanos se han encargado de evidenciar cómo dejaron irresponsablemente el chapopote en la playa. Es un asunto federal entorpecido por el gobierno estatal.