Un antidoping muy naranja

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Por Ruby Soriano

Con la oleada de partidos rémora y de partidos de prefabricación nacional, queda claro que como sociedad no debemos normalizar la irrupción de esa política fayuquera, que se gesta en los órdenes del marketing hueco, ñoño, barato.

La mejor representación de todo lo anterior, la encontramos en el partido de las naranjas y los fosfo fosfo: Movimiento Ciudadano.

Es verdad que como sociedad estamos ávidos de un relevo generacional en política, gobiernos, activismo, etc.

La juventud siempre será una carta motivadora para desempolvar y actualizar una política nacional venida a menos. Sin embargo, la evolución de los antes convergentes a partido naranja, tiene todo, menos una etiqueta ciudadana.

El marketing con Yawi aquel niño de los altos de Jalisco y la pegajosa canción de Movimiento Naranja fue un acierto para el posicionamiento de una nueva oferta política.

Pero como en toda historia partidista, MC se enfiló a buscar la rentabilidad no de sus propuestas, sino de sus cúpulas.

Los naranjas hoy enfrentan el señalamiento de esquiroles a tope, desnudando la realidad de su dirigente nacional (Dante Delgado) y del resto de sus figurones de ornato que cimientan su discurso en una verborrea con lenguaje digital sin rumbo y sin propuesta.

Desde su irrupción en la esfera política el destino de esquirolismo estaba cantado para un movimiento cuyos alcances daban para ser artífices de negociación o rompedores del voto a favor del que azote la mano en la mesa. Esta es la realidad de Movimiento Ciudadano.

Hoy los naranjas sopesan su gramaje político entre figuras rescatadas del viejo priismo como Ivonne Ortega y Claudia Ruiz Massieu, pasando por los que han estado haciendo escuela naranja como Enrique Alfaro y Luis Donaldo Colossio.

Y así como por generación espontánea irrumpieron la runfla de “mirreyes” e “influencers” que tomaron el bastión digital para crear humo, espuma y con ello pretender incluso consolidar la puesta en escena de una candidatura presidencial competitiva.

Los exabruptos de un Samuel García como “fajador juvenil” que a la hora de los cañonazos se hace chiquitito, dan cuenta de esta nueva generación donde van acompañados de jóvenes como Mariana Rodríguez quien, apostada en el poder de una imagen prefabricada y muy hueca, se lanza al denso mundo de los votantes de papel que emiten un sufragio por moda y no por consciencia de voto.

El hoy candidato Jorge Álvarez Maynez trae alcoholizado a un Movimiento Ciudadano, resultado de su falta de sobriedad; ante lo que encara una gran cruda de escasez no sólo en seriedad, sino también en propuestas.

En Puebla MC replica el fenómeno morenista con el reciclaje de priistas de ingrata memoria en el tricolor, empezando por Fernando Morales, dirigente estatal de Movimiento Ciudadano, ex dirigente priista e hijo del ex gobernador Melquiades Morales, así como Ramón Fernández Solana también ex priista y ex secretario particular del inefable Mario Marín Torres, por ejemplo.

Hoy en Puebla los naranjas reciclan perfiles políticos y abren la puerta a los improvisados que están muy lejos de ofrecer algo cercano a la ciudadanía.

Movimiento Ciudadano no trae nada nuevo, es el reciclaje del esquirolismo en cuestión negociadora con el poder gobernante.

Como joya del poder único que abandera a los que se creen dueños de un partido político, Dante Delgado consumó el favoritismo paternal cediéndole a su hijo la silla rumbo a una senaduría.

Así es el MC del 2024, muy lejos de Yawi y cada vez más cerca de la embriaguez de poder.

 

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