Drama migrante e idólatras del totalitarismo

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Por Uriel Flores Aguayo

De África a Europa, del Caribe, Centro y Sudamérica a los EEUU, son impresionantes los flujos de migrantes. Se ha acentuado después del COVID y adopta formas masivas en caravanas. Su ascenso es materia de debate electoral en muchos países; regularmente es tomado como pretexto por fuerzas conservadoras para asustar a los electores.

Un dato inquietante es el control que tienen los carteles del narcotráfico sobre ese fenómeno; esa actividad ya les reditúa ganancias equiparables a las del manejo de las drogas.  

En términos de América en general la búsqueda del “sueño americano” tiene su origen en la pobreza y en gobiernos corruptos y fallidos. La falta de libertades y democracia en gobiernos dictatoriales también tiene mucho que ver; es el caso de Cuba, Nicaragua y Venezuela.

Es tan obvia la presencia y paso de migrantes en nuestro país que prácticamente nadie podría decir que lo desconoce. Son visibles en todas partes. Es triste la escena de familias pidiendo apoyo abiertamente para comer. Es una desgracia producida por élites corruptas y criminales. En nuestra zona los migrantes caminan hacia EEUU, es su destino preferido. Huyen de realidades de carencias, violencia y represión. La paradoja es que casi nadie culpa a sus gobiernos, tal vez a excepción del de Venezuela.

Los presidentes electos o impuestos se dan el lujo de lanzar prédicas humanistas y voltear para otro lado. Los peores de ellos (cubano, venezolano y nicaragüense) cuentan con el respaldo del Presidente mexicano. Es un apoyo cómplice. No pagan ningún costo político internacional por la tácita expulsión de sus compatriotas; los sancionan por otros motivos, pero no por la salida de sus países.

Se ha normalizado ver migrantes en México, todavía son receptores de solidaridad. Algunos se quedan a trabajar en nuestro país. No somos discriminadores; ése es un buen dato que habla de una positiva personalidad de los mexicanos.

Digna de observación la postura abstracta y confusa de quienes siguen apoyando a la dictadura cubana. Lo hacen teniendo a la vista la represión y las penurias económicas de la inmensa mayoría del pueblo cubano. Se justifican con una “revolución” ocurrida hace 65 años y que fracasó; además caen en el juego propagandístico de la dictadura aludiendo a un supuesto bloqueo como origen de los males de esa isla; en realidad es un embargo que no impide puedan comerciar con el mundo y comprar alimentos y medicinas a los EEUU. Los pro castristas evidencian decadencia moral desde su suave comodidad. México debe seguir siendo comprensivo con los migrantes, no reprimirlos y apoyarlos en lo posible. Y no caer en el juego de Trump.

Nosotros también somos expulsores hacia los EEUU; son muchos los mexicanos que aspiran a una mejor vida en el país vecino y arriesgan todo para llegar allá. Hay sólidos vínculos entre ambos países. Allá habitan varios millones de mexicanos y sus remesas ya constituyen un factor serio en nuestra economía. Lo que envían nuestros paisanos debe andar por el billón de pesos, el doble de lo presupuestado para los programas sociales.

Recadito: a todo lo que da el “año de Hidalgo” del gobierno estatal.