Los Mier y el tufo del antiguo priismo

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Por Ruby Soriano

 Los Mier son de esos binomios poblanos, unidos solo y exclusivamente por un parentesco que hoy se invalida si se trata de analizar sus aspiraciones políticas.

Ambos se forjaron en las filas del dinasáurico PRI desde donde conocieron y practicaron todas esas viejas triquiñuelas de los excesos de poder, donde aprendieron a “agarrar hueso”, mover las dichosas estructuras y a hacer negocios al amparo de aquellos ayeres que los cobijaron.

Hoy los primos se placean en la cúpula del partido presidencial (Morena) haciendo cada uno desde los peldaños del Poder Legislativo, lo que aprendieron muy bien en ese pasado reciente que muchos poblanos recordamos a detalle: el servilismo hacia el Presidente en turno.

Ignacio Mier Velasco, desde la coordinación de la bancada morenista en la Cámara Baja, da cátedra de su ignorancia, de su falta de tacto, de un discurso incongruente a la hora de reflejar en sus redes sociales, que la verborrea digital es una práctica cuya caducidad es demasiado corta.

Este personaje hoy se mueve como los viejos, muy viejos políticos de la guardia tricolor. Esos mismos que recogían en el camino a los cartuchos quemados, creyendo hacer una reinvención de poder que está muy lejos de ser tal.

En tanto, Alejandro Armenta casi actúa con un “machote” que replica desde sus tiempos de priista, donde hacía lo mismo que hace hoy, con la diferencia que sus erráticas acciones son aún más visibles por estar insertado en la cúpula del Senado del país.

Armenta Mier siembra arbolitos y los regala desde hace años; convoca a ruedas de prensa con los llamados “liderazgos” que no son tales, pues son operadores de medio pelo. Escribe libros, cuyos párrafos fueron extraídos de textos de internet y se reúne con “el periodismo” local donde echa mano de los tecleadores a modo y de los columnistas que siguen viviendo del espinoso chayo.

Ambos personajes hoy empujan sus aspiraciones políticas hacia la gubernatura poblana donde no sueñan con la transformación, pues cualquiera de ellos puede volver a cambiar de camiseta si sus intereses así lo demandan.

¿Cómo podemos hablar en Puebla y en el país de una nueva generación de políticos? ¿Cómo podemos hacerlo teniendo en puerta a dos dinosaurios emanados de ese viejo régimen que tanto critica y cuestiona el presidente Andrés Manuel López Obrador?

Los discursos de ambos personajes ensalzan los intereses de un único hombre: el Presidente. Se brincan a un Congreso, se olvidan de la congruencia y el respeto a la Carta Magna para dar libre rienda al discurso que sigue la línea de un mandato que busca ser absoluto.

Ignacio y Alejandro hoy siguen montados en el ring y en la carrera hacia una gubernatura que a los poblanos nos da náuseas, tan sólo por conocer el historial político de ambos.

Ambos revivirán más cadáveres del pasado priista con el disfraz de la cuarta transformación; seguirán abanderando labia, de esa que sólo se pronuncia cuando se sabe que el poder ampara.

Con estos perfiles dudo que en Puebla se pueda pensar en la recuperación de un proyecto de gobierno que no sea servil a un presidencialismo, cuyos excesos son avalados por estos hombres, que, desde sus actuales roles políticos, hoy dan muestra de ser lo que siempre han sido en diferentes sexenios del poder: alfiles del poder en turno.

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