Quebradero

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En un batidillo

Por Javier Solórzano Zinser

No es la primera vez que los actores políticos entran en un batidillo. Nadie pide que se comporten como santos, lo que pasa es que en las últimas semanas la política se ha convertido en un espectáculo lamentable, lo cual repercute en los ánimos ciudadanos.

En la política como en la vida el que no quiere ver fantasmas que no salga en la noche. La política es un toma y daca interminable en la sistemática lucha por el poder, la cual puede llevar a coyunturas fuera de toda proporción.

Bajo el actual escenario es difícil que surjan circunstancias que pudieran atemperar los ánimos. Más bien hemos entrado en terrenos en que para hacer política pareciera que hay que fustigar, atacar, evidenciar, insultar e increpar al adversario.

No se vislumbra cómo pueda cambiar el estado de las cosas. Más bien en el día con día se ahondan las diferencias sin que nadie busque al menos un mínimo de entendimiento.

La oposición responde de manera muy básica, porque desde el 2018 materialmente no ha podido meter las manos en ningún asunto, uno de sus mejores momentos fue frenar la Reforma Eléctrica en el Congreso.

Morena entre su poder y su intransigencia tiene a la oposición en los gritos y desplantes más que en el debate.

El Presidente es, como hace un buen tiempo no sucedía, el abrumador fiel de la balanza. Es quien determina lo que es y lo que no es, lo cual provoca que sus seguidores extiendan la política presidencial sin reparar en el más mínimo debate, avasallan porque las circunstancias sin la menor duda se los permiten, no porque necesariamente tengan la razón.

A esto sumemos que la oposición vive bajo el síndrome de que el pasado la condena. Cada vez que el Presidente es señalado o criticado por la oposición su mejor recurso para defenderse es apelar al pasado de la oposición con el cual le baja la guardia e inmoviliza.

No hay manera de elevar el nivel del debate, porque en el fondo no hay interés por ello. La política se ha metido en pleitos de callejón sin salida. La provocación le permite al gobierno y a Morena dirigir la agenda y colocar a todos a la defensiva. La estrategia ha dado resultado y solamente será susceptible de cambio en la medida en que los procesos electorales cambien el mapa político; la elección del domingo pasa por estas interpretaciones.

El pleito que se traen los campechanos Layda Sansores y Alejandro Moreno lo han trasladado a nivel nacional. Es escandaloso en sí mismo, porque se trata de grabaciones que evidencian las formas en que se ha movido el presidente del PRI.

La gobernadora ha instrumentado un espectáculo semanal. Lo ha hecho a la manera del Presidente. Asegura que la “gente” es la que le hace llegar las grabaciones y que lo único que hace es dar a conocer la información, “ni modo que la guarde en un escritorio”, dijo ayer.

En medio de todos estos escenarios al presidente de Morena le dio por demandar ante la devaluada Fiscalía a las diputadas y los diputados que votaron en contra de la Reforma Eléctrica por “traición a la patria”, que en el fondo no es otra cosa que una acusación por ver otros escenarios. El hecho va perfilando lo que puede venir con la propuesta de Reforma Electoral.

En el camino el gobernador de Sinaloa lanza una declaración que no ayuda a entender la compleja situación en materia de seguridad. En algo que parece la búsqueda de quedar bien con el Presidente, dijo que Calderón seguramente mandó a instalar el retén donde detuvieron a periodistas.

De cara a las elecciones del domingo la política está en las profundas aguas de los ataques, el descrédito, filtraciones, con dosis de batidillo, y con una oposición que el domingo de nuevo pudiera ser avasallada.

RESQUICIOS

El Presidente ha estirado la liga con la Cumbre de las Américas. Lo que en un primer momento se interpretó como una estrategia de integración panamericana se acabó diluyendo ante los intereses y la negativa de asistir de aquéllos a quien defendía López Obrador; a estas alturas no tiene sentido su ausencia.