Quebradero

Share

El discurso, la esperanza y la terca realidad

Por Javier Solórzano Zinser

Gobernar con el discurso y la palabra puede llegar a adquirir un gran efecto mediático y sobre todo influir en la gobernabilidad. El uso de la palabra puede tener una alta dosis de seducción y más cuando se trata de gobierno y poder político.

En muchas ocasiones los ciudadanos terminamos por escuchar lo que queremos escuchar, lo cual nos lleva a que encontremos en quien gobierna una singular identidad por la empatía con el contenido y como nos lo dicen; López Obrador, sensible, intuitivo y efectivo.

Es difícil que los ciudadanos estemos a distancia de los gobernantes bajo estas circunstancias. La historia nos ha mostrado lo que puede suceder al final del camino, muchas historias terminan por ser muy distintas de como originalmente nos plantearon que iban a ser. Hemos visto sexenios de euforia que terminan en auténticos desastres, no los pudo salvar la publicidad, la propaganda y las florituras del lenguaje.

Es difícil no dejarse seducir, porque el discurso bajo los tiempos que vivimos genera esperanza y más como ha venido dándose la vida y la política en nuestra sociedad, a lo que se suman años cuestionables sobre el pasado.

Los hechos son los que llevan tarde que temprano a la inevitable terca realidad. Se puede gobernar con el discurso, pero los ciudadanos en su cotidianidad terminan por enfrentar la coherencia o no de la gobernabilidad.

Si a todo esto sumamos que bajo la actual coyuntura el Presidente tiene un peso y fuerza incuestionables y que no tiene enfrente una oposición como alternativa, para los ciudadanos las cosas entran con mayor razón en los terrenos de la esperanza y en muchas ocasiones a vivir de la mano del beneficio de la duda hacia los gobernantes.

Estos escenarios llevan a una capacidad de maniobra todavía mayor a la que en casos como los que estamos viviendo se llegan a tener. El factor determinante termina por ser el tiempo, porque si no se logra conjuntar el discurso con los hechos propios de la gobernabilidad ofrecida se entra en terrenos profundamente complejos que no sólo colocan en evidencia al gobierno, sino que se pueden presentar rompimientos sociales inéditos y en muchas ocasiones incontrolables; lo que agudiza los problemas es que en el México que tenemos no hay alternativas reales a la gobernabilidad.

En escenarios como éste suelen surgir liderazgos emergentes. También pueden presentarse confrontaciones internas en el gobierno y el partido mayoritario que provoquen que los rompimientos sean más profundos, graves y que lleven a secuelas inimaginables.

El Presidente no va a dejar por ningún motivo su rijoso discurso. Más bien va a seguir alentándolo, porque no está en sus objetivos dispuesto por ningún motivo a atemperar los ánimos. Desde el inicio de su administración López Obrador ha hecho de la confrontación un mecanismo estratégico para su gobernabilidad; no alcanzamos a apreciar por ahora que haya indicios de que no le esté dando resultados.

En la medida en que pueda emparejar los hechos y el discurso la fortaleza presidencial podría darle una brutal capacidad de maniobra.

Sin embargo, en la medida que pasa el tiempo el Presidente ha ido perdiendo capacidad de maniobra, la razón está en que diferentes circunstancias y situaciones están entrando en los terrenos de la terca realidad. El discurso le da para mover los escenarios y controlar la agenda, pero no necesariamente para la gobernabilidad efectiva. Sabe bien lo que puede significar la expresión “no me vengan con que la ley es la ley”.

El Presidente anda ya corriendo contra el tiempo. En los próximos días se van a dar importantes definiciones, pero hay otras situaciones que pasan con eso que llamamos terca realidad.

RESQUICIOS

Como en pocas ocasiones funcionarios de EU, lo que incluye a su embajador, se han reunido en tan corto tiempo con el Presidente y se presume que con su círculo más cercano. Está clara la abierta preocupación por la Reforma Eléctrica, que quede claro que nuestros vecinos andan con focos rojos.