Quebradero

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La consulta y la puerta falsa

Por Javier Solórzano Zinser

Habrá que ver lo que pasa en las próximas dos semanas, pero, por ahora, no parece que la consulta sobre el juicio a los expresidentes haya permeado entre los ciudadanos, de no ser entre militantes del lopezobradorismo.

El tema no se ha logrado meter del todo en la agenda-país. Enfrentamos un sinfín de asuntos que no han permitido dedicarle tiempo a una consulta que de suyo tiene vericuetos y es controvertida. Si bien esto no quiere decir que le reste importancia al pasado en el imaginario colectivo, aparecen otras preocupaciones.

Para López Obrador es la posibilidad de señalar ante la opinión pública, a través de la opinión pública, ese pasado al cual de manera regular se refiere y señala. El previsible resultado va a darle la razón al Presidente, sobre todo por lo que ha venido expresando a lo largo de muchos años en medio de sus avatares políticos y también el de los mismos ciudadanos.

No hay que darle muchas vueltas para saber lo que la sociedad mexicana ha padecido en pasados sexenios, motivos sobran. Sin embargo, para poder hacer justicia la cuestión es si a través de la consulta se puedan crear condiciones que permitan en el marco legal enfrentar y enjuiciar un pasado con abiertos pasajes cuestionables y de corrupción, pero también un pasado que tiene luces aunque se nieguen a identificarlas; en este sentido, el maniqueísmo no ha sido un buen acompañante.

La consulta enfrenta diversas dificultades. La primera está en el rebuscado texto de la pregunta: “¿Está de acuerdo o no en que se lleven a cabo las acciones pertinentes, en apego al marco constitucional y legal, para emprender un proceso de esclarecer de las decisiones políticas tomadas en los años pasados por los actores políticos, encaminado a garantizar la justicia y los derechos de las posibles víctimas?”.

Recordemos que el texto salió de la Corte después de azarosas sesiones en las que al final quedó la idea de que ya estaba preparado. Quedó la impresión también de que no quisieron quedar mal e hicieron lo que pudieron. No querían confrontarse con el Presidente al desechar la propuesta original de la consulta, la cual el tabasqueño, Morena y seguidores se han encargado, de alguna u otra manera, de mantener vigente, es cuestión de ver los promocionales y las pancartas con las que se está promoviendo la consulta, lo cual lleva su dosis de maniqueísmo.

Al final la Corte redactó una pregunta con muchos recovecos que no son de fácil entendimiento lo que muy probablemente podría confundir a quienes participen el 1 de agosto. Quizá por ello en buena medida se ha “vendido” la consulta en términos del juicio a los expresidentes, lo cual es una forma más asequible para la ciudadanía.

Uno de los cuestionamientos que ya enfrenta el ejercicio es lo que se va a hacer con los previsibles resultados. Para que la consulta sea vinculante requiere al menos de la participación del 40% del padrón electoral. Partiendo de que este escenario eventualmente se logre, el otro gran problema va a ser el qué hacer con los resultados.

Partiendo de que la mayoría dirá que sí, teniendo claridad o no con la pregunta, el tema anda en vías de que cada quien le dé al resultado la interpretación que más le convenga. Podemos estar enfrentando una consulta, la cual tiene un valor, pero su problema está en que lo que se está haciendo muy probablemente tenga una puerta falsa.

Pudiera ser que al final nos metamos en un callejón sin salida, porque hay dudas que siguen sin esclarecerse, una de ellas es lo que se va a hacer con los previsibles resultados y qué pasará si no se alcanza el 40%.

Puede salir más caro el caldo que las albóndigas.

 

RESQUICIOS

Por ningún motivo el gobierno puede prestarse al espionaje. Hay indicios de que esta práctica no ha sido erradicada del todo. Cuando se habla de ser diferente temas como éste son fundamentales, al tiempo que es prioritario investigar a profundidad lo que se ha hecho y por lo que se ve, se sigue haciendo.