Negros nubarrones
Por Javier Solórzano Zinser
La declaración de Donald Trump en Florida, en la reunión que se organizó sobre lo que llama América, en la cual ni están todos los que son ni son todos los que están, habrá que verla como un capítulo más de sobre advertencia no hay engaño.
Se llegó a pensar que Trump se la pasaba amenazando para luego echarse para atrás. En función de sus últimas decisiones es evidente que no hay marcha atrás y que lo que dice en la mayoría de los casos lo cumple.
Anda corriendo contra el tiempo, porque se acercan las elecciones intermedias y llega con baja popularidad y cierto descrédito entre los electores. Un dato significativo es que sólo el 26% de los estadounidenses apoya la guerra junto con Israel contra Irán.
A esto sumemos que su popularidad está arribita del 40%, lo cual es un hecho importante, porque la mayoría de los presidentes de EU en sus primeros años, considerando que está en su segundo periodo, han tenido una buena calificación.
Trump está apurando sus promesas de campaña, bajo el supuesto de que le daría el crédito que ha ido perdiendo. No queda claro si retomando sus promesas pudiera recuperarse. Al interior del país existe una molestia que difícilmente pasará por alto el primer martes de noviembre.
La forma en que se refirió a México en la reunión del fin de semana viene a ratificar que no hay manera alguna de confiar en él, y que haga lo que haga el Gobierno mexicano todo terminará por ser insatisfactorio.
Los problemas con Trump se van a seguir acumulando. No solamente están de por medio las decisiones que pretende tomar, ahora estamos también frente a un uso de lenguaje, grosero y déspota que no cabe por ningún motivo en la relación bilateral.
Sin embargo, esto no va a parar. Hace bien la Presidenta en pedir cabeza fría, pero, independientemente de lo que diga en la mañanera de hoy, lo que está de por medio también es ver cómo enfrenta a Trump, porque día con día está deteriorando las relaciones entre los dos países en todos los niveles.
El presidente tiene un diagnóstico sobre el país que es importante atender. La razón principal está en que ciertamente México tiene al narcotráfico por todos lados, y no hay manera de entender su presencia si no es de la mano de la complicidad y participación de las autoridades en todos los niveles.
Trump quiere acabar con el narcotráfico de manera radical como si esto fuera posible, no sólo en la relación bilateral sino en todo el mundo. Sin embargo, lo que sí tiene a la mano, es atacar las redes de los cárteles con las autoridades y en eso hemos avanzado poco. El caso del presidente municipal de Tequila no es lo suficientemente significativo para las circunstancias que se viven en todo el país.
El Gobierno mexicano sigue sin plantearse cuál es la razón por la que le han retirado la visa a una buena cantidad de políticos. Exige que se den las razones cuando es una decisión autónoma del Gobierno estadounidense. Lo que tendría que hacer es preguntarse por qué razón a autoridades mexicanas de todos los niveles les están revocando la visa.
Se vienen negros nubarrones. El Gobierno mexicano tiene poca capacidad de maniobra, porque la delincuencia organizada ha permeado en el país de manera significativa. A esto se suma que cuando la Presidenta apela a la unidad nacional no toma en cuenta a la oposición, a la cual en el camino termina por señalar.
Por más que no guste, la oposición institucional representa ciudadanos que en muchos casos están dispuestos a participar y apoyar las políticas de la Presidenta ante EU.
Lo que es claro es que, mientras no se ataque directamente la relación entre el narcotráfico y la política, Trump seguirá con decisiones muy rudas y con un uso de lenguaje despreciable.
RESQUICIOS.
Es todo un enigma el desenlace que tendrá la reforma electoral. Si nos atenemos a lo que está pasando no será aprobada. Preocupa el Plan B porque puede convertir lo que tenemos, que no se puede negar que ha dado resultados, en un champurrado.