Por Fernando Vázquez Rigada
Vendrán largos lustros de presiones fiscales para México, insostenibles bajo el actual ritmo de gasto y la estructura fiscal vigente.
A principios de siglo, se abrió un verdadero ventanal de oportunidad para el país. Era un bono demográfico: los jóvenes en edad de trabajar y producir eran mucho más que los niños y adultos mayores.
Esto significó que cada persona dependiente podía ser sostenida por un número mayor de personas produciendo. En el pico del bono, por ahí del 2010, había dos jóvenes en edad de trabajar por cada dependiente.
Para capitalizar la ventana, sin embargo, se requerían precondiciones: el país debía crecer aceleradamente. Generar empleo formal de calidad. Crear una generación de emprendedores. Impulsar la productividad y la innovación. Invertir en infraestructuras física, intelectual, social.
Nada de eso ocurrió.
La economía creció cada vez menos. El impulso del arranque de siglo se fue desinflando sexenio tras sexenio: con Vicente Fox el crecimiento promedio anual fue de alrededor de 2.3%; con Calderón, 1.7%; con Peña, ligeramente arriba del 2.4% y con López Obrador menos de 1%. La cosa va para peor: con Claudia Sheinbaum fue de apenas 0.8% y el primer trimestre de este año se contrajo 0.6%.
La generación del empleo ha sido un desastre. Hoy, casi el 56% de la economía es informal. El empleo que se generó, básicamente, fue de baja calidad: sin prestaciones, seguridad social, pensiones, acceso a vivienda.
Con la llegada de López Obrador y hasta hoy, la economía ha crecido menos que la población. El pastel sigue siendo el mismo, pero hay más comensales. Por eso el PIB per cápita, en lugar de crecer, ha ido como el cangrejo: hoy es igual al del año 2016.
Pero el bono se acabó. Y eso implica que el futuro puede ser de mucha penuria. En estos años, los mexicanos mayores de 50 años pasaron del 17% al 28.6% de la población. En la próxima década habrá más adultos mayores que niños.
¿Cómo los vamos a mantener?
Las tasas de natalidad bajaron: de 6 hijos en los años anteriores a menos de 1. La esperanza de vida creció. En palabras llanas: tenemos menos hijos y las personas viven más, que no significa que vivan bien, sanas, o carentes de cuidados, atención médica y medicinas.
El tamaño del drama para financiar esto es el siguiente: hoy, las pensiones contributivas más los apoyos del bienestar representan el 33% del gasto programable: uno de cada tres pesos. Para el 2030, el gobierno deberá destinar entre 1.4 y 2 billones de pesos más sólo a pensiones. Consumirán 4 de cada 10 pesos que gasten. Pero habría que agregar lo que se debe invertir en salud y otros rubros, que también irán creciendo.
Como no generamos el empleo de calidad que debimos en lo que va del siglo, y como la economía está arriba, simple y llanamente no habrá forma de financiar esto bajo la estructura actual.
El bono, desperdiciado, se convirtió fatalmente en pagaré.
@fvazquezrig