Las víctimas en Veracruz, con la dignidad maltratada

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Por Juan José Llanes

Los “Principios y directrices básicos sobre el derecho de las víctimas”, documento aprobado por la Asamblea General de la ONU el 16 de diciembre de 2005, proclama, en su Preámbulo:

“…las víctimas serán tratadas con compasión…”

Y, más adelante, se insiste:

“VI. Tratamiento de las víctimas. 10. Las víctimas deben ser tratadas con humanidad y respeto de su dignidad y sus derechos humanos, y han de adoptarse las medidas apropiadas para garantizar su seguridad, su bienestar físico y psicológico y su intimidad, así como los de sus familias. El Estado debe velar por que, en la medida de lo posible, su derecho interno disponga que las víctimas de violencia o traumas gocen de una consideración y atención especiales para que los procedimientos jurídicos y administrativos destinados a hacer justicia y conceder una reparación no den lugar a un nuevo trauma.”

En nuestro país, la Ley General de Víctimas define que su objeto es (Artículo 2, fracción I) “Reconocer y garantizar los derechos de las víctimas del delito y de violaciones a derechos humanos, en especial el derecho a la asistencia, protección, atención, verdad, justicia, reparación integral, debida diligencia y todos los demás derechos consagrados en ella, en la Constitución, en los Tratados Internacionales de derechos humanos de los que el Estado Mexicano es Parte y demás instrumentos de derechos humanos;…”

Todo ese andamiaje legal lo conoce muy bien Namiko Matzumoto Benítez. Lo conoce, porque encabezó dos periodos la Comisión Estatal de Derechos Humanos; antes, la Comisión Estatal para la Atención y Protección de los Periodistas e, incluso, se postuló para presidir la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

Si tuviera que elegir, entonces, qué palabras considero que están indisolublemente asociadas al término “víctima”, no tengo dudas: la primera de ellas sería compasión. Además: humanidad, dignidad, asistencia, protección, atención, verdad, justicia, reparación.

Por eso me sorprende tanto la perspectiva que expuso Namiko Matzumoto, que definió que la molestia de los familiares de desaparecidos (que ahora piden que se le defenestre de la Comisión Ejecutiva Estatal de Atención Integral a Víctimas) es porque se les pide transparencia y rendición de cuentas, en torno de la aplicación de 26 millones de pesos.

Me parece irónico, no solamente el que este régimen pida rendición de cuentas. Me parece de mal gusto que pida aclaraciones un gobierno que aún debe precisar (de acuerdo con la Auditoría Superior de la Federación) qué hizo con más de 3,275 millones de pesos, tan solo de la Cuenta Pública de 2024,

Tampoco me queda claro por qué se muestra tanto celo por los pesos que se les da como apoyo a particulares que, de facto, hacen el trabajo que debería hacer la autoridad (buscar desaparecidos) y hay -al mismo tiempo- tanta displicencia en la rendición de cuentas de los servidores públicos. Quizás, también, se pasa por alto, que Veracruz es el quinto estado con el mayor número de personas desaparecidas en México, y que la tarea de buscarlos y encontrarlos (vivos o muertos) la ejecutan sus familias, sus madres, sus hijas, sus abuelas,  las mujeres, sobre todo.

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Namiko Matzumoto pudo sostenerse en la Comisión de Derechos Humanos después de 2018, en buena medida, gracias al apoyo de las organizaciones de personas que buscan a otras personas. Y ese apoyo lo patentizaron incluso en medio de la turbulenta vinculación institucional que tuvo la CEDHV con la Fiscalía General del Estado, en la época en que Yunes Linares le entregó el Ministerio Público a un delincuente: Jorge Winckler, a quien después abandonó a su suerte (no por delincuente, sino porque dejó de serle útil).

Ahora, ya al frente de la CEEAIV, Matzumoto, de manera insensible emprendió la tarea de transmitir un mensaje tremendo, del que quizás no tomó conciencia exacta:

Para este régimen, la compasión, humanidad, dignidad, asistencia, protección, atención, verdad, justicia y reparación a las víctimas, será asequible para aquellos que están buscando a quienes no aparecen, pero solo si le aclaran a los que no rinden cuentas qué hacen con los escasos pesos que les dan para que hagan el trabajo del Estado, y que el Estado no hace.

Así de simple.