Quebradero

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Señalados

Por Javier Solórzano Zinser

Ya van varios capítulos del estás conmigo o estás contra mí. Para ello López Obrador se pintaba solo. No había manera de que se reconociera el pensamiento distinto, incluso en su gabinete.

Las cosas no han cambiado mucho que digamos. La Presidenta no pega en la mesa, pero queda muy claro que, desde donde se le vea, ella decide y gobierna. Por más que algunos en Morena supongan que hay signos de debilidad, queda muy claro que no es así. Claudia Sheinbaum gobierna de manera diferente y no necesita, por lo general, actos de autoridad para manifestarse y para que se cumpla lo que quiere.

Sin embargo, lo que no ha cambiado es el estás conmigo o estás contra mí. Señalar a quienes tienen puntos de vista diferentes es colocarlos a la vista de sus millones de seguidores como traidores al “pueblo”.

Con motivo de la reforma electoral, ha dejado establecidas sus formas, sea o no aprobado el proyecto. Dijo que quienes no lo compartan serán “señalados” por el “pueblo”. A estas alturas no queda claro a qué se refieren cuando hablan del “pueblo”. El Gobierno y la 4T se asumen como representantes únicos de la voluntad popular, como si viviéramos en una sociedad sin diversificación de pensamiento o sin pluralidad.

Uno de los rasgos que identifican a la sociedad mexicana de los últimos años es el reconocimiento de que somos diferentes, y que en lugar de ser un problema es una definición que nos permite aceptar el pensamiento de los otros, sin pasar por alto que vivimos bajo un régimen democrático en donde a pesar de las diferencias gobierna una mayoría legalmente constituida.

El valor de la democracia para la sociedad estriba en que debemos escuchar y atender el pensamiento diferente.

Cuando la Presidenta asegura que quienes no estén en favor de la reforma electoral serán “señalados”, está llevando a la sociedad al pensamiento único. Son muchas las formas en que en el país se puede ver la reforma.

Se diseñó un consejo para que se hicieran consultas que terminaron bajo tintes unilaterales. Se escucharon poco o nada las voces con pensamiento distinto a lo que se iba esbozando de la reforma, lo cual terminó por impedir un auténtico debate.

El Gobierno creó una comisión en la que no se admitió a nadie que no fuera parte de la 4T o del gabinete de la Presidenta. Un principio fundamental para echar andar la reforma hubiera sido escuchar dentro de la misma comisión pensamientos que sin que necesariamente sean opositores al Gobierno, tienen puntos de vista diferentes que hubieran permitido ensanchar la propuesta.

A la manera de lo que pasó en el sexenio pasado seguimos bajo la máxima de que ante cualquier proyecto que venga del Gobierno no hay manera de debatirlo, de no ser bajo las formalidades del legislativo. Al final nos enfrentamos a la historia de estos siete años, no le van a cambiar ni una coma a todo lo que venga desde Palacio Nacional.

El problema se agrava aún más porque el Ejecutivo asegura que los que no están con la reforma serán “señalados”, es una extensión del estás conmigo o estás contra mí.

Sorprende que la Presidenta se meta en estos terrenos. Ella vivió en la UNAM el debate continuo, el perder asambleas, tener alumnos críticos viendo bajo la universalidad de pensamiento.

Plantear las cosas de esta manera lo que provoca es más división interna y colocar a los que disienten como personas que traicionen al “pueblo”. ¿Por qué cerrar la diversidad de pensamiento con todo y que van a echar por delante toda la caballería para aprobar la reforma?

Porque además nunca quedó claro si hubo consulta entre el “pueblo” para saber si se quería una reforma electoral.

Si el proyecto es debatible, como lo es cualquier reforma de esta naturaleza, no tendrían por qué señalar a nadie.

RESQUICIOS. Pues parece que, viéndolo bien, sí nos cae bien que esté entre nosotros Coca-Cola. La Presidenta informó ayer de una inversión de la empresa por 6 mil millones de dólares, con todo y paseo del muy lejano trofeo mundialista.