La dictadura que viene

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Por Fernando Vázquez Rigada

El morenato se apresta a dar el tiro de gracia a la libertad y a la democracia mexicana. Para lograrlo, requiere ganar la elección y si no, como Jalisco, arrebatar.

De ahí la urgencia por presentar el plan de reformas constitucionales que conllevan el peor riesgo para la vida libre y la sobrevivencia de la República.

El debate no debe desviarse a los dulces de programas sociales adicionales: debe centrarse en lo peligrosísimo del resto: la desaparición del INE, del INAI, del Poder Judicial, de la CNDH, de la representación política de las minorías. Eso van a intentar y esa es la bandera que enarbola sin escrúpulo la corcholata morenista.

Nadie, después, podrá llamarse sorprendido.

El ejecutivo agonizante lo ha dicho: va a desaparecer todos los organismos autónomos.

Eso implica eliminar de una vez el INE. No pudo hacerlo en dos ocasiones, reformándole hasta la médula. Ahora quiere más: quiere desaparecerlo. Ya no se conforma con destazarlo: quiere matarlo.

También al Instituto que nos garantiza el derecho a saber. Sin acceso a la información, el saqueo ya inocultable de los hijos del presidente, de su mano derecha —Daniel Asaf— de funcionarios, gobernadores, alcaldes, sería inaccesible para la gente.

En esa avalancha de destrucción se irían, también, el INEGI, el Banco de México. De paso —aunque luego dijo que no, pero, lamentablemente, la voz presidencial ya no tiene credibilidad— la CNDH, para que la Secretaría de Gobernación sea la que castigue los abusos del Estado ¿De veras?

Quieren convertir al Poder Judicial en una sucursal de los partidos políticos. Que los jueces respondan a sus electores, los electores a las maquinarias que los mueven y las maquinarias a la corrupción que las alimenta. El que paga manda. Así.

Por último, el mandamás va por una reforma que elimine la representación proporcional en los congresos: las minorías sin representación en el constituyente permanente. Es decir: el Congreso se reduciría a 300 diputados y, quizá, a 96 senadores. Quien gane la elección se lleva todo. Gravísimo. Esto significa que si, por ejemplo, Morena ganara todos los distritos con un margen de 51% contra 49% del Frente, la Cámara de Diputados tendría 100% de morenistas y el 49% que votó en contra no tendrían un solo representante.  Así, entonces, a la malagueña, lograrían consolidar el Plan C.

Este ataque terrible se acompaña de la decisión de permitir a la presidenta del INE a organizar la elección con encargados de despacho, el asalto a la SCJN con una incompetente y el nombramiento de un fiscal interino inelegible en la capital.

¿Por qué ahora?

Porque saben que pueden perder la elección.

Esta semana fue sintomática: grandes cierres de Xóchitl Gálvez. Crecimiento de los candidatos a gobernadores en los grandes padrones. Ridículo de MC de proporciones bíblicas. El voto de Jalisco moviéndose hacia el Frente. Escándalos de corrupción que devastan la imagen presidencial y de su gobierno.

A la par, el país que pierde a pasos acelerados la gobernanza. El crimen organizado vende medicinas, controla las tortillerías, cobra al autotransporte de Acapulco, asalta a toda hora las carreteras, impone un impuesto de 20% a negocios familiares, también cuotas a la producción de granos, de aguacate, en fin.

¿Resultado?

Los brotes de insurrección se expanden como hongos. En Chiapas, el pueblo se enfrenta al ejército. En Lerdo, Veracruz, incendian el Palacio Municipal. En Oaxaca, toman de rehenes a 300 policías. En Jalisco, madres buscadoras piden al líder del Cartel les conceda buscar los restos de sus hijos.

Se siente en el subsuelo nacional una onda telúrica doble.

Una que va a tomar las calles masivamente contra la tentación dictatorial el 18 de febrero. Otra que dice ¡Basta!

El morenato agoniza, pero no quiere verlo.

Por su enorme cúmulo de delitos, no puede permitirse perder la elección.

La tiene que ganar, al costo que sea.

Incluso si el costo es que no haya elección.

 

@fvazquezrig