Quebradero

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Vivir bajo una pesadilla

 

Por Javier Solórzano Zinser

La renuncia de Karla Quintana a la Comisión Nacional de Búsqueda, CNB, confirma la crisis. La desaparición de personas fue tema de primera importancia para el Presidente en campaña; sin embargo, el discurso y las promesas han sido rebasados.

Algunas de las razones están en la complejidad de un problema que nos tiene en un callejón sin salida. Vivimos bajo la gran tragedia de la violencia como forma de vida sin que atinen estrategias que pudieran al menos atemperarla.

Otra razón pasa porque el gobierno, además de que no ha diseñado una política efectiva, ha perdido de vista la importancia que tiene una comunicación directa y sistemática al más alto nivel con los familiares de los desaparecidos.

Sigue sin entenderse porque el Presidente no recibe a los colectivos de víctimas que cargan en sus espaldas la dolorosa búsqueda de sus hijos sin un rumbo fijo.

Los colectivos se reunieron con el hoy Presidente en su campaña depositando sus esperanzas para poder encontrar a sus hijos o al menos saber qué fue lo que pasó con ellos. Lo que habían vivido en pasadas administraciones fue brutalmente doloroso. No encontraron ayuda y en algún sentido no se quería hablar del tema por lo que significaba para el Estado mexicano conocer que en México existían desapariciones forzadas, fue el oprobio como discurso y estrategia.

El inicio del sexenio fue alentador. La presencia de Alejandro Encinas en Gobernación y de Karla Quintana en la CNB produjo optimismo reservado. Los nombramientos abrieron un espacio de esperanza en función del perfil de los personajes.

Por más que hubo diálogo todo terminó por ser contracorriente. Karla Quintana fue perdiendo capacidad de maniobra, sus respuestas a las demandas se dieron por su voluntad por cambiar las cosas más que por el apoyo de una estructura que le permitiera atacar los gravísimos problemas de las madres y padres de familia.

El Presidente no recibió a las madres buscadoras ni a los colectivos de víctimas. Ambos se fueron quedando solos, como lo han estado, y en algunos casos han sido agredidos o aislados. Hace pocos días un grupo de colectivos fue agredido por la Fiscalía de Querétaro, y hace pocos días también en Tamaulipas, autoridades le impidieron a otro colectivo acercarse a lo que todo indica es una enorme fosa clandestina ubicada a un lado de un cementerio.

Se asegura que un elemento que distancia a Karla Quintana es el registro de desaparecidos. Mientras que el trabajo que se hizo en la CNB consigna más de 110 mil desaparecidos, en otras instancias de gobierno se aseguraba que eran menos. Fundamentaban su afirmación en que se había hablado con muchas personas por teléfono, las cuales ya se encontraban en su casa; no hay indicadores que comprueben esto último, más bien existe la interpretación de que querían bajar el número como fuere.

Las inconformidades han crecido. Si desaparece un ciudadano estadounidense en México el gobierno utiliza todos sus mecanismos con tal de encontrarlo, pero a las madres buscadoras no las han atendido en medio de su dolor lacerante y el cual las acompaña en sus vidas.

Emilio Álvarez Icaza nos recuerda que cuando el comité de desaparición forzada de la ONU estuvo una semana en México haciendo investigaciones “desaparecieron cerca de 112 personas”.

No deja de alarmar que las madres buscadoras opten, en medio de su dolor sin fin, por pedirles a los narcotraficantes ayuda más que al propio gobierno.

Delia Quiroa, integrante de uno de los colectivos del norte del país, nos dijo hace pocos días: “No es que el Presidente no reciba a las madres de la Plaza de Mayo de Argentina, el problema es que a nosotros ni nos voltea a ver… vivimos bajo una pesadilla”.

RESQUICIOS.

Era inevitable y necesaria la renuncia del presidente de la Federación Española de Futbol. Un acto abusivo marcó su destino. El desenlace está para que entendamos que va en serio el hecho de que se esté luchando por cambiar en todos los sentidos nuestra forma de vida.