Un muy rudo entuerto
Por Javier Solórzano Zinser
Es un asunto de primera importancia lo sucedido en Chihuahua en el cual habrían participado agentes de la CIA.
En el fondo hay una discusión que desde hace tiempo se está postergando. Hasta dónde se puede permitir que agentes de agencias estadounidenses puedan participar en asuntos nacionales, siendo que es muy claro que no tenemos la suficiente capacidad en la mayoría de los casos de resolverlos y que hoy como nunca, tenemos una presión brutal por parte de Trump.
El problema real es que con EU no hay manera de dejar la puerta abierta. La historia de la relación bilateral lo confirma, además de la larga estrategia estadounidense de siglos de entrometerse en asuntos de otras naciones bajo el principio de gendarmes del mundo.
En los últimos meses hemos visto como Donald Trump sin reparo alguno se mete a Venezuela, declara una guerra en Medio Oriente y tiene en la mira a Cuba, donde en cualquier momento podría atacar.
La disyuntiva vista desde las agencias estadounidenses es que EU vive sistemáticamente bajo la problemática que les “provoca” México, independientemente de que es claro que ellos son la otra parte de la ecuación. Díaz Ordaz no es citable, pero sobre el tema del narcotráfico y las intenciones de EU de meterse en el país, les dijo en una ocasión, cuando increparon que México era el trampolín de la droga, les dijo que nuestros vecinos eran la alberca.
La cuestión radica en que a lo largo de muchos años ha quedado de manifiesto que en nuestro país existe una complicidad cargada de intereses entre las autoridades y la delincuencia organizada, es lamentablemente una forma de vida. Recordemos que durante un buen tiempo EU dejó de confiar en el Ejército mexicano, porque les adelantaba estrategias e información desde dentro de la institución a los delincuentes.
Tenemos un problema mayúsculo, pero tenemos que buscar la mejor manera de resolverlo. Lo que es un hecho, es que permitir que los gobiernos estatales determinen estrategias de orden federal con carácter de seguridad nacional, nos abre un flanco que no hay manera de poder cerrar, porque a partir de ello se queda abierta la puerta.
Es claro que el golpe del gobierno de Chihuahua a la delincuencia organizada es de enorme trascendencia. Se desmontó uno de los más grandes narcolaboratorios, si no es que el más grande, que existe en el país. En el pasado sexenio se negó que hubiera laboratorios en México, ésta fue una prueba más de lo contrario. Por principio, es un asunto de importancia que le genera un gran revés a la delincuencia organizada, el gran problema es el cómo se hizo y más aún el preguntarse el por qué no se informó al Gobierno federal.
Resulta cuestionable que un gobierno estatal pueda dar un golpe de esta naturaleza, y más aún cuando sigue quedando en duda si participó o no el Ejército. Se ha negado categóricamente que haya estado presente, pero resulta difícil de creer que un gobierno estatal con todas las limitaciones que tienen sus policías locales haya dado un golpe de esta naturaleza.
Todo esto ha provocado un conjunto de contradicciones entre la Presidencia y el gobierno de Chihuahua, que ha alcanzado obviamente al de EU desde donde le han reclamado a la Presidenta su insensibilidad ante la muerte de los agentes de la CIA; la mandataria, más bien se ha enfocado a increpar a la gobernadora de Chihuahua, quien se ha mantenido en la opacidad provocando confusión. Es paradójico que el gran golpe a la delincuencia organizada haya pasado a segundo plano, si bien la ley es clara, inevitablemente surgen en el radar lo intocables que son los gobiernos morenistas señalados por narcotráfico.
En el camino le ha servido al Gobierno y su partido a arremeter contra la gobernadora panista, lo cual le sirve para el proceso electoral del año.
No va a ser fácil salir del entuerto.
RESQUICIOS.
Impresionante. Sebastián Sawe de Kenia hizo el maratón en menos de dos horas, algún día tenía que pasar y lo vimos.