Por Jesús Castañeda Nevárez
Está próximo el Mundial de fútbol en México y nuestra gente está más que emocionada por la oportunidad de ver a nuestra selección nacional realizar un buen papel. Todos queremos ver buenos partidos de fútbol, ver a las grandes estrellas del fútbol mundial y sobre todo, queremos ver partidos en los que gane el que meta los goles de manera limpia, sin que el árbitro influya en el resultado final.
Pero hagamos un ejercicio simple: ¿qué pasaría si antes de que inicie el torneo nos enteramos que el árbitro ya está del lado de uno de los equipos?
El torneo perdería credibilidad desde el primer minuto, el público no vería sentido en acudir al estadio a presenciar una simulación y dudo mucho de que los equipos se prestarían a la farsa.
Eso es exactamente lo que hoy está en riesgo en México, pero no en el fútbol, sino en la democracia.
Esta semana el INE cayó en las garras del poder; el partido morenista desde el Legislativo se adueñó del árbitro electoral y le puso ya su casaca guinda.
Morena ha dejado claro que no está dispuesto a correr riesgos en el terreno electoral ante el desgaste de la gente por la inseguridad, el desabasto de medicamentos y el encarecimiento de la vida, con lo que la posibilidad de un voto de castigo es real. Y frente a ese escenario, la tentación de controlar al árbitro es más que evidente.
No se trata sólo de percepciones aisladas. Se trata de hechos que han encendido alertas sobre la independencia del árbitro electoral. Y cuando el árbitro pierde autonomía, la elección deja de ser una competencia y se convierte en un mero trámite.
Así empiezan las democracias a deteriorarse: no de golpe, sino poco a poco, debilitando a las instituciones que garantizan equilibrios.
Los ejemplos están a la vista en países como Cuba, Venezuela y Nicaragua, en donde las elecciones existen… pero la confianza en ellas desapareció hace tiempo.
La pregunta ya no es si habrá elecciones en México, la verdadera pregunta es si serán creíbles; porque cuando el árbitro deja de ser imparcial, el resultado deja de importar.
Y cuando la gente deja de creer en el voto, abandona las urnas y lo que se pierde no es una elección… es la confianza y es la democracia misma.
Así pierde México, pierde el pueblo bueno y ganan . . . los que el árbitro decida. Porka Miseria.