Quebradero

Share

Covid: incertidumbre y confusión

Por Javier Solórzano Zinser

Uno de los riesgos en que estamos ante la pandemia es que nos estamos moviendo y manejando bajo nuestros propios criterios.

El gobierno debería atender y ponderar el hecho que el nivel de credibilidad que está teniendo respecto a sus estrategias se ha venido diluyendo entre los ciudadanos.

La vacunación sigue bajo un proceso desigual. Lo que es positivo es que para buena parte de la población es claro que hay que vacunarse. Lo visto estos días en la Ciudad de México, respecto a la gran cantidad de jóvenes que han hecho largas filas para vacunarse, es prueba de ello.

Sin embargo, no es lo mismo que está pasando en muchos estados del país, incluso en aquellos con alta densidad de población, los informes sobre Nuevo León en cuanto a la saturación de hospitales es un referente en muchos sentidos.

La CDMX va mano por las razones que se quiera. Está de por medio el alto número de contagios y la densidad de población y la buena relación entre la consentida y el Presidente; según cifras oficiales la capital está cerca de llegar a las 800 mil personas contagiadas.

Pareciera que los ciudadanos hemos entrado en nuestra propia dinámica para enfrentar la pandemia. Poco están importando las medidas que propone el gobierno, lo que incluye la manipulación que en muchos casos se está haciendo sobre el manejo del semáforo.

A menudo nos la pasamos en un rojo que no está rojo y en un verde que no está verde, para que al final cada quien esté optando por hacer lo que le parece incluso que le conviene.

Es probable que el discurso oficial se esté desgastando, porque en muchas ocasiones no hay respuestas precisas ante el estado de las cosas. Un ejemplo de ello es el caso de los niños, el cual en buena medida el propio Presidente lo ha provocado.

Asegurar que no fueron contagiados él ni su esposa por su hijo, debido a que están vacunados, provoca dudas porque está comprobado que la vacuna no impide el contagio lo que hace es atemperarlo. La dinámica de muchas familias puede pasar por circunstancias similares en donde, por las razones que fuere, los hijos pueden tener el virus y pueden contagiar a sus padres, reiteramos tengan o no las vacunas.

El vocero ha sido parte importante del proceso de desgaste. La expresión evidencia científica se ha ido diluyendo, porque colegas suyos han ido evidenciando lo contrario, junto con experiencia en muchos otros países.

A pesar de la memoria efímera, no se olvida que en los primeros días de la pandemia, en algún sentido se minimizó y tampoco debemos pasar por alto cuando se refirió a que 60 mil personas fallecidas serían una catástrofe, cuando la cifra alcanzaba los 30 mil.

Es sabido que desde el inicio de la pandemia al interior del sector salud diferentes especialistas alertaron sobre el problema que se venía. Conversamos con muchos de ellos y con científicos que nos hicieron saber los escenarios.

Es necesario recobrar la credibilidad, porque los ciudadanos nos estamos moviendo más con intuiciones y suposiciones que con base en información precisa, particularmente en un momento como éste en donde los contagios están por doquier; el martes tuvimos en cifras oficiales arriba de 17 mil lo que puede significar, según especialistas, más de 300 mil.

Hace bien el Presidente en no adelantar vísperas respecto a la compra de vacunas para los niños, no tanto por los argumentos que maneja contra las farmacéuticas, sino más bien porque antes de ello tenemos que resolver el problema respecto al alto número de personas que no han sido vacunadas.

Vamos caminando entre percepciones, intuiciones, suposiciones sin bases informativas que nos lleven a actuar con certidumbre, en la medida en que ésta pueda existir.

 

RESQUICIOS

Para no perder de vista. Si el “no” en la consulta del domingo significa darle vuelta al pasado, es importante considerar nuestra participación, lo que no deja de ser confuso y cuestionable es lo que eventualmente se haga con el “sí”.