Por Carlos Tercero
El futuro inmediato del país descansa en tres estructuras fundamentales: la económica, la política y la jurídica. En estos tres pilares debe fijarse la atención y redoblar esfuerzos para que las y los mexicanos podamos transitar hacia un mejor escenario en el corto plazo, particularmente hacia 2027 y de 2030 en adelante. No son compartimentos independientes, sino componentes de una misma realidad nacional, pues la estabilidad económica necesita certidumbre política, la política requiere instituciones confiables y el Estado de derecho es indispensable para generar confianza y atraer inversión.
Uno de los primeros puntos de inflexión será el proceso electoral de 2027, cuya preparación formal comenzará el próximo 10 de septiembre. Se renovarán 500 diputaciones federales y, de manera concurrente, habrá elecciones locales en las 32 entidades, con cerca de 20 mil cargos de elección popular en disputa. Será una prueba para la democracia, pero no bastará con cumplir los principios y procedimientos establecidos por el INE. Será indispensable que quienes resulten electos lleguen a los cargos con legitimidad, solvencia ética y capacidad para gobernar. La calidad de la representación política tiene consecuencias sobre la confianza ciudadana, pero también sobre la percepción internacional de México y, particularmente, sobre la relación con Estados Unidos.
En este contexto adquiere especial relevancia la advertencia de la presidenta nacional de Morena, Ariadna Montiel, quien aseguró que el partido no aceptará como candidatos a quienes tengan vínculos inconfesables, cuentas pendientes o malos antecedentes, incluso si ganan una encuesta interna. El momento de la declaración, cuando comienza a definirse la ruta de las candidaturas de 2027, es significativo. Ganar una encuesta no puede ser suficiente para determinar quién debe representar a un partido y, mucho menos, quién debe tener acceso al poder público. La legitimidad electoral comienza antes de las urnas, con la selección de perfiles capaces de acreditar trayectoria, probidad y compromiso con la legalidad.
La cooperación en materia de seguridad, comercio e inversión depende también de la confianza que México sea capaz de generar como Estado, rubro en el que se han registrado avances que sería equivocado ignorar. Omar García Harfuch ha sido una figura central en esta estrategia y sus resultados han fortalecido la interlocución internacional de México en materia de seguridad. El reto, sin embargo, es que esos avances trasciendan a una persona y se conviertan en capacidades permanentes del Estado. La seguridad no puede depender de fortalezas individuales, sino de instituciones eficaces, coordinación, inteligencia, investigación y aplicación de la ley.
El otro gran punto de inflexión estará en el Poder Judicial, particularmente ante la disputa adelantada por la presidencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Más allá de nombres y de intereses políticos, la decisión tendrá implicaciones jurídicas, económicas e institucionales. México no puede darse el lujo de deteriorar la confianza de los inversionistas ni de debilitar la seguridad jurídica por decisiones que privilegien cuotas políticas sobre el interés nacional. Nada peor podría ocurrir que una pérdida de confianza que redujera las calificaciones de riesgo, frenara inversiones o provocara una salida de capitales. En una economía integrada al mundo, la soberanía no consiste en ignorar esas consecuencias, sino en tomar decisiones nacionales con plena conciencia de sus efectos.
Política, justicia y economía forman, así, una misma estructura. Una decisión política puede fortalecer o debilitar la economía; una institución jurídica puede generar confianza o incertidumbre; y una elección puede consolidar o deteriorar la legitimidad democrática. Por ello, ciudadanos y gobiernos debemos anteponer el interés colectivo a la conveniencia inmediata.
México necesita grandes ideales, no dogmas; conocimiento, no ignorancia ni improvisación; instituciones sólidas, no decisiones coyunturales y, por encima de todo, un legítimo amor a la patria, no “soberbianía” disfrazada de soberanía. Sobre estos principios debemos construir y preservar el futuro nacional para que, en este Mes Patrio y por siempre, ¡VIVA MÉXICO!
3ro.interesado@gmail.com