Ostentación
Por Javier Solórzano Zinser
El costo de ganar sin importar el cómo le está cobrando cuotas cada vez más altas a la llamada 4T.
Si políticos priistas o de cualquier otro partido, querían ser parte de Morena tenían que pasar por una suerte de confesionario con López Obrador, quien determinaba el sí o el no de ingreso al partido. Daba el visto bueno bajo criterios que sólo él conocía, sin importar el pasado de los solicitantes quienes recibían una bendición que terminaba por ser algo así como un perdón.
Es un enigma cómo López Obrador decidía las cosas. Uno de los casos más emblemáticos fue el de Manuel Bartlett. Fue un priista reconocido, estuvo en el gabinete de Miguel de la Madrid y Carlos Salinas en lugares preponderantes, pero, sobre todo, tuvo que ver en la elección del 88 en la que se “calló, o cayó, el sistema”, lo que llevó a la derrota de Cuauhtémoc Cárdenas.
A pesar de no pertenecer a Morena, es integrante del PT, jugó un papel fundamental en las estrategias de López Obrador quien incluso lo defendía y elogiaba. Como este caso, existen muchos otros de políticos de otros partidos, como el de algunos panistas que en algunos casos como llegaron se fueron.
Dejar la puerta abierta le ha provocado muchos problemas a la 4T. No había escrúpulo alguno con tal de ganar. Lo que quería López Obrador era tener el control y, para ello, poco o nada le importó que particularmente un buen número de priistas se acercaran a él con tal de poder continuar en la vida política y desafanarse de su pasado, el cual en algunos casos resultaba cuestionable.
Algunos gobernadores priistas abrieron la puerta de par en par, lo cual permitió el triunfo de Morena. A ellas y a ellos se les acabó premiando en embajadas o consulados. A Peña Nieto, quien en cuanto terminó la elección presidencial se hizo a un lado, no se le premió, pero vive sin ninguna presión, por lo que puede estar tranquilamente viajando por Europa, asistiendo a bodas con empresarios que en su sexenio hicieron buenos negocios en el país.
A esto se suma que personajes con nula experiencia política, pero con cercanía con el tabasqueño, pudieran encumbrarse. En la práctica se hizo valer aquello de 90% de lealtad y 10% de capacidad, como si esto no pudiera ir junto.
Otra variable que cada vez es más cuestionable es la ostentación de algunos integrantes del oficialismo. No se cuestiona el derecho que tienen a viajar, comer y gastar donde les parezca. Lo que los pone en evidencia es el hecho de que durante mucho tiempo se la pasaron criticando la ostentación de los políticos de quienes hoy son partidos de oposición.
La mayor paradoja resultó estar en la propia casa del expresidente. Sus hijos se han vuelto incómodos y de alto riesgo. Están siendo mencionados en muchas indagatorias respecto a asuntos que son manifestaciones de actos de corrupción, precisamente contra los cuales se la pasaba señalando el tabasqueño.
Que no se abran investigaciones mayores, no necesariamente tiene que ver con la no responsabilidad de los hijos del expresidente. Más bien tiene que ver con una actitud pasiva que viene a ratificar la estrategia ante aquellos que están metidos en líos legales y que son parte del oficialismo, son intocables.
La defensa de Rocha Moya es parte de esa estrategia. Si esto se hizo con un exgobernador que sabe muchas cosas, difícilmente se meterán con los hijos del expresidente.
Muchas cosas más están por venir. Mientras no pasen a la ofensiva ante hechos de corrupción de los suyos, seguiremos bajo la discrecionalidad para dividir a los buenos y a los malos, en donde quizá los buenos no son tan buenos, y los malos no son tan malos.
RESQUICIOS.
Los hallazgos dados a conocer por La Jornada sobre la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa van en camino de regreso a lo que se llamó “la verdad histórica”. Habrá que ver cuáles son las reacciones, porque si algo ha sido desechado por los padres y madres de los estudiantes es precisamente esta versión.