Los morenistas y su “ruleta rusa”

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Por Ruby Soriano

Funcionarios en activo en gobiernos morenistas empezaron a “colaborar” con autoridades norteamericanas, a quienes les están proporcionando información sobre más personajes políticos y gobernantes mexicanos, con posibles vínculos con organizaciones delictivas.

Esta investigación publicada el pasado sábado por The New York Times, destapa una cloaca al interior del partido gobernante, una vez que expone que las líneas y acciones de algunos militantes de la cuarta transformación, conducen a relaciones de dudosa honorabilidad.

El partido en el poder luce agrietado y con muchas fisuras, no sólo por la falta de unidad, sino porque al interior del mismo, los velos cayeron dejando al descubierto a todos aquellos que se han movido con impunidad, nepotismo, corrupción e incluso soberbia, para buscar a toda costa, retener el poder que hoy ostentan.

Saber que algunos integrantes de Morena son los que podrían entregar a los peces grandes de su mismo partido, nos da idea de lo que se vive en lo que alguna vez, se concibió como un movimiento que no consumó transformaciones, sino concentró el poder, buscando derribar autonomías para fortalecer el poder único de un presidencialismo que diluyó crítica social, inclusión y apertura para el diálogo con un pueblo al que ha terminado ignorando.

Lo publicado por el diario norteamericano no es menor, cuando los nombres de Rubén Rocha Moya y Enrique Inzunza Cázares son un referente inmediato de cómo en México se protege a políticos con una sólida presunción de actuar en complicidad con organizaciones delictivas.

La lista de gobernadores se amplía con solo revisar los excesos y el opaco manejo en recursos públicos que varios de estos personajes están manejando en sus entidades.

La simulación de “unidad”

La corrupción, las ligas con la delincuencia organizada y el nepotismo son los baches que enfrenta Morena para seleccionar a sus candidatos que contenderán en las elecciones intermedias del 2027.

La resistencia y la simulación empezaron a inundar el ambiente morenista, donde la rebeldía de Félix Salgado Macedonio fue la primera que intentó brincarse las trancas, al solicitar lo dejen ser coordinador por la defensa de la transformación en Guerrero. Posteriormente, el guerrerense reculó al registro, pero dijo que no quita el dedo del renglón para tener algún tipo de participación en el proceso.

Quienes lo conocen en la tierra caliente guerrerense saben que así será, pues Salgado Macenio tiene un cacicazgo como para obstruir a quien llegue, con el simple hecho de imponerse como “negociador” con esos grupos de alto poder y peligrosidad en la región.

El coordinador parlamentario de Morena en la Cámara Baja, Ricardo Monreal, lanzó la profética premonición que sin duda se consumará en el morenismo, donde apenas se avecinan las rupturas, los encontronazos y las divisiones.

Es la lucha cruda por subirse al podio del candidato y ser elegido o elegida para encabezar estructuras y mover muchísimos recursos.

La guerra intestina entre los morenistas inició con esos codazos que aún son poco perceptibles, pero que, al paso de los días, dejarán ver que la batalla que se libra en el interior de Morena va en dos bandos: Los que están buscando impunidad y fuero para salvar el pellejo y los que ya empezaron a “cantar” para entregar a sus “correligionarios”.

 

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