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La “campaña” contra Pemex y la evasión

Por Aurelio Contreras Moreno

En política, pocos conceptos resultan tan útiles para quienes buscan desviar la atención y evadir sus propias responsabilidades como el de ser víctimas de una “campaña”.

Es un término que, precisamente, permite victimizarse, señalar enemigos invisibles y, sobre todo, evitar responder por hechos concretos. Como lo ha hecho sistemáticamente durante casi un año y medio la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle García, al descalificar cualquier crítica, cualquier señalamiento sobre las pifias de su administración o los horrores de su paso por la Secretaría de Energía.

Esta vez le tocó a los expertos y ambientalistas que documentaron el origen del derrame de hidrocarburos en el Golfo de México como responsabilidad directa de Pemex desde el mes de febrero que ocurrió, como acaba de reconocer el mismo gobierno federal. Según ella, todo se trata de una “campaña” de la “derecha” –una de las entelequias favoritas de la “4t”- contra la empresa estatal.

Pero la realidad es más concreta y menos demagógica: lo que en realidad existe es la acumulación de décadas de corrupción, negligencia administrativa y desastres ambientales que han convertido a Pemex en un símbolo de opacidad y riesgo. Y ella misma, como exsecretaria de Energía durante el sexenio pasado, es parte de esa cadena de responsabilidades. O irresponsabilidades, mejor dicho.

El reciente derrame en el Golfo de México es un ejemplo inmejorable de lo anterior. Desde principios de febrero, organizaciones ambientalistas alertaron sobre la presencia de hidrocarburos en playas y cuerpos de agua en el litoral de Tabasco y Veracruz. El gobierno federal negó durante semanas que Pemex fuera responsable y Nahle, por su parte, llegó a culpar a un “barco” contratado en el sexenio de Peña Nieto. Ambas versiones se derrumbaron cuando se reconoció oficialmente que el origen estaba en un oleoducto de Pemex, del que se dejaron derramar cantidades ingentes de crudo durante varios días.

A diferencia de la presidenta Claudia Sheinbaum, que al menos asumió los hechos y su gravedad, y habla de fincar responsabilidades –falta que lo haga, por supuesto-, Rocío Nahle optó por descalificar a los especialistas y acusar una “campaña” contra la empresa estatal, que considera que es también contra ella misma. Con ello, no solo evade la discusión sobre la responsabilidad institucional, sino que promueve la idea de que Pemex debe ser defendido a toda costa, incluso frente a evidencias irrefutables de negligencia y daños ambientales incuantificables.

Pero hablar de una “campaña” contra Pemex es desconocer que la empresa se ha ganado su descrédito a pulso. Desde antes de 2018, sin duda. Y también en los poco más de siete años que van del morenato, en los que la narrativa oficial ha sido siempre la misma: Pemex debe ser defendido como símbolo, más que de soberanía, de la ideología nacional-populista gobernante. Admitir yerros en la petrolera es asumirlos en el modelo de gobierno.

Rocío Nahle fue la cabeza del sector energético durante el sexenio del obradorato gobernante. Bajo su gestión se consolidó la apuesta por los hidrocarburos, se marginaron las energías renovables y se destinó un presupuesto descomunal a proyectos faraónicos como la refinería Olmeca-Dos Bocas, que cada tanto se revela como un rotundo fracaso en cuanto a planeación, construcción, producción y seguridad, consumiendo recursos multimillonarios sin resultados proporcionales. Como gobernadora, Nahle mantiene el mismo discurso: Pemex no se toca, aunque la evidencia contradiga la versión oficial.

Esa narrativa es insostenible. La verdadera campaña es la que desde el poder se ha desplegado para evitar cualquier clase de rendición de cuentas. Una simulación que pretende convertir los desastres en accidentes inevitables y las denuncias en conspiraciones de los “adversarios”, de la “derecha” y de los que “atacan” a México y a Veracruz. Dicen.

En realidad, lo que la gobernadora de Veracruz defiende es su propio legado. Como exsecretaria de Energía, su responsabilidad es directa en la política que hoy muestra sus consecuencias. Reconocer las fallas de Pemex sería reconocer las fallas de su gestión. Por eso recurre al recurso fácil, al “sambenito” fantasmagórico. Muy al estilo del priismo echeverrista, por cierto.

Y si así es con Pemex y su paso por la Sener, ¡imagínese cómo será cuando el juicio sea directamente sobre su gestión al frente del gobierno de Veracruz!

 

Email: aureliocontreras@gmail.com

X: @yeyocontreras