La violencia
Por Javier Solórzano Zinser
Llevamos mucho tiempo bajo una espiral de violencia de la cual no se ve cómo podamos salir.
Uno de los problemas más graves que padecemos es que la hemos ido normalizando, a pesar de que tratemos de tomarle distancia. No hay manera de salir de ella, porque la sociedad, particularmente en las grandes ciudades, se ha hecho violenta y los ciudadanos hemos entrado en la misma dinámica y bajo cualquier circunstancia, por menor que sea, se pueden desatar hechos violentos de gran envergadura.
La violencia no es un asunto que esté fuera de nosotros o que nos sea ajena. La cuestión está en que nosotros mismos nos hemos ido acostumbrando a ella, y la hemos adoptado por las razones que se quieran.
Las calles son testigos de todo ello. Bajo cualquier pretexto llegan los gritos, las amenazas y las violentas peleas callejeras; estamos con la violencia como forma de vida.
Es cierto que muchas cosas llegan a los extremos, las cuales pueden pasar por factores psicológicos o antropológicos, pero como sea, se desarrollan en un terreno fértil que se ha ido estableciendo a lo largo de años. Pareciera que todo lo que nos está rodeando puede, con pasmosa facilidad, pasar de largo de un día a otro.
Las fosas clandestinas son un asunto que nos cruza vergonzosamente. Si no fuera por los colectivos de madres buscadoras, pareciera que hemos entrado en el terreno de una oprobiosa normalidad.
A las autoridades presumimos les importa, pero más les importa poder zafarse de los asuntos y colocarse a distancia bajo el prurito de que todo ello se desarrolló en años en que no gobernaban. Lo asumen como una herencia, pero no lo asumen como una responsabilidad directa, es cuestión de revisar lo que ha pasado en el sexenio pasado y en lo que va de éste.
El caso de Edith Guadalupe muestra la descomposición en la que estamos. Una joven mujer se dirige a un lugar en donde se ofrece empleo y es brutalmente asesinada. Todos los horrores y errores de la fiscalía son sin duda importantes, lamentables y confirman los niveles de corrupción en la dependencia.
Lo realmente brutal es la forma en que la joven mujer es asesinada, sumándose a la gran cantidad de agresiones contra las mujeres en buena parte del país. ¿Qué es lo que está pasando en la mente de todos nosotros que en un momento dado alguien se puede atrever con un desarmador a acabar con la vida de una joven mujer que lo único que quería era conseguir empleo, seguramente en medio de una gran cantidad de engaños vía las redes?
Todo lo que pasó confirma el estado de las cosas bajo las cuales estamos. Se irá hasta las últimas consecuencias, dicen las autoridades una vez más. El problema es que no estamos ante un hecho excepcional, más bien, es un modus operandi en la sociedad, lo que incluye a las autoridades.
Si no es por los familiares muy probablemente estaríamos ante un asunto del cual en alguna ocasión nos enteraríamos, y eso sería por alguna información de los propios vecinos que hubieran encontrado algún indicio de que algo grave había sucedido.
Lo de Teotihuacán de ayer confirma la sinrazón en la que andamos. Todo indica que sin que mediara algún incidente un hombre saca la pistola y le dispara a una mujer canadiense a la que asesina. El problema de nuevo son los actos impulsivos que son provocados por nuestros entornos.
Las repercusiones son incontrolables. El asunto trasciende porque sale del país. Nos debería de indignar de igual manera el asesinato de Edith Guadalupe, pero las conveniencias en las relaciones internacionales cambian la dinámica en que se ven las cosas, lamentablemente así es.
Lo que hemos vivido en las últimas semanas es la cara de lo que somos, lo más delicado es lo que se puede venir adelante.
RESQUICIOS.
EU restringió a 75 personas su visa de entrada al país por estar ligadas al Cártel de Sinaloa. Es otra oportunidad para que el Gobierno mexicano investigue cuál es la razón, preguntándose por las actividades de los 75 en nuestro país.