La poesía como insurrección del alma

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Por Sandra Luz Tello Velázquez

El 21 de marzo, se celebra el Día Mundial de la Poesía, fecha establecida por la UNESCO, para conmemorar una de las formas más preciadas de la expresión e identidad lingüística de la humanidad. Para quienes entendemos que la palabra es la última línea de defensa contra la barbarie, esta celebración es un recordatorio de que el verso, cuando es libre, puede ser el acto de rebeldía más temible para enfrentar a un tirano.

Para los griegos, el poeta libre representaba un peligro; en “La República” de Platón se advierte que ese tipo de poesía promueve el desasosiego, lo cual constituye un riesgo para los imperios, porque hace cimbrar los cimientos del conformismo. El sistema solo admitía a los poetas oficiales, los encargados de fabricar himnos a la medida del poder.

La historia de las naciones oprimidas es, en gran medida, la historia de sus poetas proscritos. En los pasillos de la represión, en donde el discurso estético es uno e invariable, la poesía surge como esa negación de la que hablaba Kafka. Mientras el Estado dibuja sonrisas felices en dádivas de la propaganda, el poeta denuncia la herida.

En Alemania, Federico Schiller fue el creador de una de las obras líricas más icónicas de la historia; el poeta compuso versos que exhortan a la unión de la humanidad.  La “Oda a la Alegría” es más que un simple canto de júbilo, es la consigna que señala que la libertad es una construcción fraterna y estética, antes que política.

Por otra parte, Víctor Hugo, desde el exilio, se convirtió en la pesadilla de Napoleón III, demostrando que un hombre con una pluma puede ser más poderoso que un emperador con un ejército.

En la modernidad del siglo XX en nuestro continente, Pablo Neruda denuncia el hambre y el dolor de un pueblo desdichado en “Canto General” y en otros poemas sueltos. A través de su poesía expresó su aversión contra el fascismo y el imperialismo, declarando así su posición política. De igual manera, Mario Benedetti da testimonio como una voz subversiva ante los abusos del poder; con su estilo cotidiano y directo enfoca su postura política y humana en defensa de los oprimidos.

Por último, el poeta peruano Rodolfo Hinostroza, con sus letras disruptivas, ha demostrado que la expresión hispanoamericana es un organismo vivo que no acepta camisas de fuerza, su camino errante le permitió sentir las vidas de toda la gente de su generación en diferentes partes del planeta, expresando que el error del poder a través de la historia de la humanidad es una constante repetición.

Finalmente, como decía Kafka, la literatura no debe ser un consuelo barato, sino un hacha que rompe el mar helado de nuestra mente. En tiempos de tiranías veladas, ya sean por bota militar o por algoritmos asfixiantes, la poesía es el recordatorio de que somos plurales, irónicos y capaces de sublevarnos ante la injusticia, reconociendo que en cada verso que desafía la lógica del opresor, hay una chispa de liberación.