El dilema de las redes sociales rumbo a 2027

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Por Eduardo Romay Olmos

Hay una pregunta que deberíamos hacernos antes de que avance la contienda electoral de 2027: ¿estamos utilizando las redes sociales o las redes sociales están aprendiendo a utilizarnos?

La pregunta no es exagerada. En México, 104.9 millones de personas de seis años o más utilizaron internet en 2025, equivalente al 86.1 por ciento de la población. Hace una década eran 61.4 millones. Además, 78.3 por ciento de los hogares ya tenía conexión a internet. El cambio es enorme y también lo es su impacto sobre la política. [1]

Por eso, la elección de 2027 no se va a disputar únicamente en las plazas, en los medios de comunicación o en las estructuras territoriales de los partidos. También se va a disputar en el teléfono celular de cada ciudadano.

Ese es precisamente el planteamiento que deja El dilema de las redes sociales: las plataformas digitales no solamente transmiten información. Los algoritmos seleccionan buena parte de aquello que vemos a partir de nuestros intereses, hábitos e interacciones. Y aquello que provoca una reacción —enojo, miedo, indignación o entusiasmo— puede tener mayores posibilidades de circular.

En política, esto tiene consecuencias.

Una propuesta seria puede requerir varios minutos para explicarse. Una acusación, un meme o un video manipulado pueden necesitar apenas unos segundos para provocar una reacción.

Veracruz ya ofrece señales de lo que puede ocurrir.

Un estudio del INE sobre el proceso electoral local 2024-2025, realizado en Veracruz y Durango, encontró que la violencia política contra las mujeres en razón de género estuvo presente de manera importante tanto en medios como en redes sociales. En el caso de un hecho de violencia relacionado con una candidata a una presidencia municipal, éste apareció en 43.9 por ciento de las publicaciones analizadas en redes sociales y en 56.5 por ciento de las publicaciones de medios convencionales. [2]

El mismo estudio documentó la utilización de material audiovisual explícito: 21.1 por ciento de las publicaciones en redes sociales y 26.1 por ciento de las notas informativas analizadas incluyeron ese tipo de contenido.

No estamos hablando, entonces, de un problema hipotético.

Rumbo a 2027 aparece además una variable que hace unos años parecía propia de la ciencia ficción: la inteligencia artificial.

Hoy es posible fabricar fotografías, voces, videos y declaraciones que pueden parecer auténticos. La discusión electoral ya no será únicamente sobre quién dijo qué, sino sobre si realmente lo dijo.

El INE ya reconoce el tamaño del problema. Su proyecto “Certeza” monitorea redes sociales y medios digitales, verifica información político-electoral y desarrolla mecanismos de alfabetización digital para enfrentar la desinformación. Su metodología contempla incluso rastrear el origen de los contenidos y utilizar herramientas para detectar posibles manipulaciones o el uso de inteligencia artificial. [3]

El asunto adquiere todavía mayor importancia porque el Proceso Electoral Federal 2026-2027 comenzó formalmente el 10 de septiembre de 2026. [4]

En Veracruz, durante la próxima contienda, el ciudadano recibirá en el mismo teléfono propaganda federal, mensajes sobre elecciones locales, publicaciones de candidatos, encuestas, memes, videos, noticias y, por supuesto, mensajes reenviados por WhatsApp.

Todo mezclado.

Y ahí está el verdadero problema.

No necesariamente que una mentira consiga convencer a todos. El peligro mayor puede ser que termine generando la sensación de que nadie dice la verdad.

Cuando el ciudadano llega al punto de pensar que todas las noticias son propaganda, que todas las encuestas están manipuladas y que todas las instituciones mienten, la desinformación ya produjo un efecto político importante: debilitó la confianza.

Por eso la elección de 2027 no solamente tendrá que cuidar las casillas, las boletas y el cómputo de los votos. Tendrá que cuidar también el ecosistema informativo en el que los ciudadanos tomarán sus decisiones.

Los partidos tendrán responsabilidad. Los medios, también. Las autoridades electorales deberán responder con rapidez. Y los ciudadanos tendrán que desarrollar una nueva habilidad democrática: verificar antes de compartir.

La elección puede ganarse o perderse en una urna. Pero antes de llegar a ella, buena parte de la batalla se habrá librado en las pantallas.

Ese es el verdadero dilema de las redes sociales rumbo a 2027: no quién tiene más seguidores, sino quién controla la conversación, quién decide qué vemos y qué tan libre puede ser nuestra decisión cuando buena parte de la información que recibimos ha sido seleccionada por algoritmos que no vemos y, muchas veces, tampoco entendemos.

 

Fuentes

[1] INEGI, ENDUTIH 2025. Datos nacionales sobre uso de internet, telefonía celular y hogares con conexión. (Operar Intercensal)

[2] INE, estudio sobre participación político-electoral de mujeres y juventudes en Veracruz y Durango, Proceso Electoral Local 2024-2025. Incluye los datos sobre violencia política y conversación en redes sociales. (Central Electoral)

[3] INE, proyecto “Certeza” y metodología de verificación de hechos. Información sobre monitoreo, verificación, desinformación y detección de posibles manipulaciones mediante IA. (Central Electoral)

[4] INE, inicio del Proceso Electoral Federal 2026-2027. El proceso inició formalmente el 10 de septiembre de 2026. (Central Electoral)