Por Francisco Montfort Guillén
En un artículo de Letras Libres de junio de 2025, Roger Bartra reseña investigaciones sobre esfuerzos para explicar las relaciones entre el cerebro y sus rigideces y las ideología políticas. Esta compleja relación ya la había abordado en su libro sobre Antropología del Cerebro. El mismo título del artículo <<El exocerebro político>> proviene del libro del fenómeno del pensamiento como interacción entre la naturaleza humana y la <<naturaleza cultural>>. Existe al parecer una relación compleja, no lineal, entre el cerebro y el exocerebro <<la eco-naturaleza de la cultura>>, en Edgar Morin o el exterior sociocultural del ser humano y el interior biológico del cerebro. Las relaciones entre la política y el cerebro forman parte de ese ecosistema-bio-social. En su caso, <<la neurocientífica Leor Zmigrod presenta en su The ideological brain los resultados de sus investigaciones sobre los vínculos entre la ideología y el cerebro, en una brillante defensa del pensamiento flexible opuesto al dogmatismo…Para Zmigrod las ideologías ofrecen descripciones absolutistas del mundo basadas en un pensamiento rígido y ritualista>>. Letras libres, pp.53.
Al parecer no se requiere forzar mucho las interpretaciones complejas que ofrece Bartra en su ensayo, para entender un poco más lo que sucede en México con el gobierno de Claudia Sheinbaum y la forma en que ella se expresa del mundo que la rodea y determina sus conductas de gobierno. Sheinbaum presenta día a día muestras de su rigidez de ideas y de su incomprensión de los cambios del mundo; cegada como está por su ideología marxista de cubículo de la Facultad de Ciencias de la UNAM. Es claro que su llamado Informe de Gobierno, que debería servir para rendir cuentas del uso de los recursos público que pagan los mexicanos, directa o indirectamente, a su gobierno, no es otra cosa que un panfleto de ideológico con informaciones falsas o tendenciosas que le sirven a ella para explicarse el mundo que ve, pero que no corresponde con el mundo real que la rodea.
No es que la presidente quiera forzosamente decir mentiras. Es que su rigidez mental no le permite entender que sus mismas acciones forman parte de los problemas que deben ser resueltos. Con Donald Trump cambió el tipo de mundialización de la economía de manera artificial, debido a sus políticas transaccionales de intercambios, como si el mundo pudiera gobernarse mediante un entramado de negocios como acuerdos personales y, en su caso, como si esos acuerdos bastaran para regresar a los Estados Unidos el lugar preponderante en las manufacturas, ahora robóticas y miniaturizadas, que tomó por asalto la China comunista de capitalismo de Estado. Y este cambio pasa de noche en el cerebro de la presidente mexicana, que confeccionó un plan de desarrollo para el país como si estuvieran, ella y México, en los años ochenta del siglo pasado.
A la rigidez de Trump se agregó la rigidez de Sheimbaum que dejan a México con una obsolescencia mayor en cuanto al nuevo mundo que se abre en la producción de mercancías y servicios, al dejar fuera la producción de conocimientos y de seres humanos con cerebros flexibles, propensos a los cambios gracias a una formación en nuevas universidades, con nuevas carreras, todas de excelencia, competitivas, productivas basadas en la investigación/reflexión/innovación/acción con destrezas nuevas y altamente productivas y competitivas.
Otra rigidez cerebral de la dirigente mexicana es la forma en que aborda el problema de la seguridad basada en la tradición de los policías buenos contra los malhechores, sin considerar las ausencias en el país de policías locales, policías ministeriales, jueces y magistrados capaces, honestos y comprometidos con la justicia y la seguridad. basados en la capacitación especializada, nuevos conocimientos tecnológicos de vigilancia, contención y represión. Los desplantes presidenciales resultan patéticos no sólo por su elemental cultura, sino sobre todo por su obsolescencia. Y contra estas limitaciones de nada sirven que la realidad le presente brechas, o caminos francos para cambiar y dar un salto hacia la modernidad: en su cerebro existe temor al cambio por su rigidez ideológica y el temor ante lo desconocido, un conservadurismo propio de su formación política y académica. Tendrá que cambiar el entorno, el exterior, la realidad para que Claudia y Morena se vean obligadas a modificar, aunque sea marginalmente, sus prejuicios. Exactamente lo dice el viejo refrán popular: no podemos pedirle peras al olmo.