TMEC, autogol en tiempo de compensación

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Por Jesús Castañeda Nevárez

La reforma judicial no fue la causa directa de que Trump decidiera no extender el TMEC, pero sí es parte del expediente que Washington tiene abierto sobre México, y eso no podemos minimizarlo. Cuando Moody’s, Fitch y el propio Banco de México coinciden en advertir que elegir jueces por voto popular debilita los contrapesos, no están haciendo política, están leyendo el riesgo país. Y el riesgo país es exactamente lo que un inversionista extranjero mide antes de poner una fábrica en México a esperar rendimientos en veinte años.

El propio gobierno mexicano lo reconoció sin decirlo: en mayo, el Senado aprobó retrasar hasta 2028 la siguiente elección judicial y restableció exámenes de conocimiento para los candidatos (sin tómbola y ojalá sin acordeón). Eso no se hace para satisfacer a la oposición, se hace para intentar tranquilizar a los mercados. Es una corrección a medias, dicen los especialistas, porque no resuelve el fondo: jueces sin experiencia decidiendo litigios comerciales complejos. Y con una SCJN que está peor. Así nadie se arriesga.

Entonces, cuando Trump usa la revisión anual del TMEC como palanca de presión, no la usa en el vacío. La usa sabiendo que México ya llega con una vulnerabilidad autoimpuesta, con una reforma que sus propios aliados empresariales han pedido corregir.

La certeza jurídica no se recupera con un comunicado de prensa. Se recupera con hechos, y ahí es donde México tiene la tarea pendiente antes de la próxima ronda del 20 de julio.

No es que Trump haya cancelado el TMEC ni que se haya «salido» de la revisión. Lo que ocurrió este primero de julio es más preciso y, en el fondo, más preocupante: Estados Unidos se negó a extender automáticamente el tratado por 16 años más —como pedían México y Canadá— y en su lugar impuso un esquema de revisiones anuales durante los próximos diez años, hasta 2036. El tratado sigue vivo. Pero Trump decidió no darle a México la certeza de largo plazo, sino mantenerlo bajo revisión constante.

Lo que significa para México una incertidumbre permanente, que es veneno puro para la inversión. Ninguna empresa global toma decisiones de construir una planta cuando las reglas del juego se revisan cada doce meses.

Además de la presión arancelaria que Trump usará en estas revisiones anuales como palanca constante, no solo de comercio, sino de migración y combate al fentanilo, a cambio de no golpear la economía mexicana.

La próxima ronda de negociaciones bilaterales será el 20 de julio en la Ciudad de México, y ahí sabremos si esto es solo una táctica de presión de Trump o el inicio de un desgaste que, revisión tras revisión, termine reescribiendo las reglas de la integración norteamericana a favor de un solo socio, los Estados Unidos. Porka Miseria.