Por Uriel Flores Aguayo
El internet es la mayor fuente de información para la sociedad, por encima de la TV y la radio, en México. Los portales informativos superan por mucho a los medios impresos, aunque algunos de estos mantienen influencia por sus reportajes y exclusivas. Es una vorágine informativa, niveles de vértigo. Es tal la cantidad genuina, más las campañas dirigidas, que cuesta trabajo distinguir lo real y seleccionar lo importante.
En el plano informativo la apertura es total, no se requieren redacciones formales ni instalaciones especiales. Basta un teléfono celular para producir y publicar. Es la creación espontánea y abundante de una especie de periodistas, reporteros, opinadores y analistas, lo que todo eso signifique; casi siempre con escasos lectores. Se localizan en ese medio quienes se presentan con nombre propio o crean un título referido a alguna plataforma con apariencia periodística. Hay una extensión abrumadora de puntos de vista, algunos presentados como análisis. Es mucho más cantidad que calidad.
Hay de todo, de muchos niveles. Se ha generado una ocupación, en algunos casos consolidada. Esa masividad riñe con el rigor y aporta poco, más cuando se alinea con intereses comerciales y políticos. Su rasgo característico es la fugacidad: desaparece tan rápido como llega.
En la facilidad de escribir y publicar hay un gran defecto: pocos datos y muchos juicios, con constantes ocurrencias. De alguna manera se empobrece la deliberación pública. No hay servicio real a la información ni a la transparencia; lo que podría derivar en una indispensable crítica se convierte en una mera opinión personal con fines individuales. Es lo que hay, así será por mucho tiempo.