La Selección Mexicana dio uno de los pasos más importantes de su historia reciente al imponerse 2-0 a Ecuador en el Estadio Azteca, resultado que le permitió avanzar a los octavos de final de la Copa del Mundo 2026 y mantener vivo el sueño de trascender en un torneo en el que había cargado durante décadas con el peso de la llamada «maldición del quinto partido».
El conjunto dirigido por Javier Aguirre confirmó el gran momento que atraviesa en el Mundial al sumar su cuarta victoria consecutiva, todas sin recibir un solo gol. El equipo mexicano dominó los momentos clave del encuentro y aprovechó su contundencia para resolver el partido desde la primera mitad ante una selección ecuatoriana que llegaba fortalecida tras haber eliminado a Alemania en la fase de grupos.
El primer golpe llegó al minuto 22. Julián Quiñones culminó un rápido contragolpe con un potente disparo que dejó sin opciones al guardameta Hernán Galíndez, desatando la euforia de más de 80 mil aficionados que abarrotaron el inmueble capitalino. Apenas trece minutos después apareció Raúl Jiménez, quien robó un balón en territorio rival y definió con un extraordinario disparo desde fuera del área para ampliar la ventaja a 2-0.
Antes del descanso, Ecuador tuvo una de sus mejores oportunidades para regresar al partido, pero el arquero Raúl «Tala» Rangel respondió con una espectacular atajada que preservó la ventaja mexicana y confirmó el gran nivel defensivo que el Tricolor ha mostrado durante toda la competencia.
En el complemento, la escuadra mexicana administró la ventaja con orden táctico, presión en la media cancha y una sólida actuación de la zaga encabezada por César Montes y Johan Vásquez, mientras Ecuador intentó adelantar líneas sin encontrar la claridad suficiente para romper el invicto del arco mexicano.
Uno de los aspectos más destacados del encuentro fue la actuación del mediocampista Gilberto Mora, quien con apenas 17 años se convirtió en uno de los futbolistas más jóvenes en disputar un partido de eliminación directa en una Copa del Mundo, consolidándose como una de las grandes revelaciones del torneo.
Un Mundial casi perfecto
La clasificación reafirma el excelente desempeño de México en la Copa del Mundo. Antes de enfrentar a Ecuador, el equipo había terminado la fase de grupos con paso perfecto tras derrotar a Sudáfrica (2-0), Corea del Sur (1-0) y Chequia (3-0), resultados que le permitieron finalizar como líder de su sector con seis goles a favor y ninguno en contra.
El desempeño defensivo ha sido una de las principales fortalezas del conjunto de Aguirre, que ha construido su campaña sobre el orden táctico, la intensidad en la recuperación del balón y la eficacia frente al arco rival.
Un triunfo con carga histórica
Más allá del resultado, la victoria representa un momento simbólico para el futbol mexicano. Durante décadas, la selección nacional fue incapaz de superar las primeras rondas de eliminación directa en los Mundiales, una situación que alimentó el fantasma del llamado «quinto partido». La última ocasión en que México había logrado avanzar más allá de esa barrera como anfitrión fue en la Copa del Mundo de 1986.
El propio Javier Aguirre había insistido en los días previos en que el equipo debía concentrarse en el funcionamiento colectivo y no en el peso de la historia. La respuesta de sus jugadores fue una actuación madura, efectiva y con personalidad frente a un rival que llegaba con argumentos para complicar el encuentro.
Con este triunfo, México avanzó a los octavos de final, donde enfrentará al vencedor del duelo entre Inglaterra y la República Democrática del Congo, en busca de seguir alimentando la ilusión de una generación que comienza a escribir una nueva página en la historia del futbol nacional.