Quebradero

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No pero sí

 

 

Por Javier Solórzano Zinser

 

La renuncia del ministro Arturo Zaldívar se va a convertir tarde que temprano en un elemento más de crítica hacia la Corte, desde ayer los legisladores del oficialismo lanzaron sus primeras pullas.

En su texto Zaldívar sin hacer una crítica abierta, lo cual tendría rasgos de deslealtad, apunta que cerró un ciclo como si ser ministro de la Corte fuera tan simple como darle vuelta a la página.

La renuncia también va de la mano de una decisión que, por lo que se ve hasta ahora, pudo o quiso tomar. No tenía ni 10 minutos de haber dimitido para que saliera corriendo hacia los rumbos de Claudia Sheinbaum.

Sin dudar de las muchas virtudes del todavía ministro, aunque su renuncia no haya sido discutida en el Senado, se prevé que la mayoría va a terminar decidiendo que se acepta, el desenlace de las cosas deja mucho que desear y confirma que los últimos años Arturo Zaldívar era un “aliado” de la 4T y del Presidente en la Corte.

Su intempestiva renuncia viene en algún sentido a cuestionar muchas de las posiciones que guardó a partir de la cercanía que fue teniendo particularmente con el Presidente. Ahora se entiende de mejor manera como terminó por juguetear con la idea de López Obrador de que extendiera su presidencia dos años.

En el fondo se buscó una alianza en este asunto, pero las circunstancias no lo permitieron. La reacción de la sociedad y de los propios ministros de la Corte lo impidieron, lo cual era de suyo un rompimiento de la legalidad y las reglas establecidas y convenidas en la Corte.

Arturo Zaldívar está en su derecho de dimitir y definir a su manera lo que se consideran “causas graves” para su renuncia. Al no estar establecido con claridad lo que significan las “causas graves”, el ministro puede apelar a cualquier argumento que él en lo personal considere “grave”.

Se augura que no habrá un debate sobre el tema, sino más bien una confrontación de posiciones porque el oficialismo tratará a toda costa de hacer ver que la Corte como se encuentra no es funcional y que tiene que ser libre y democrática en sus procesos internos y de elección de quienes la deben integrar.

En algún sentido, la dimisión puede estar buscando crear una crisis en la Corte. Poco importaron las formas en la que Zaldívar tomó su decisión. Sin haber seguido el proceso establecido antes de cualquier otra consideración, corrió hacia Claudia Sheinbaum en un desplante mediático y de definición para que todos lo vieran.

El desplante confirma su relación con el Presidente y también su decisión, la cual insistimos tiene derecho a tomar, de pertenecer desde ya a lo que pudiera ser el futuro gobierno, en caso de que las tendencias que hoy en la elección presidencial se mantengan.

Si bien la renuncia de Zaldívar es un asunto que permea fundamentalmente en ciertos sectores de la sociedad, es evidente que su trascendencia será mayor. El Presidente ahora tendrá la posibilidad de colocar a otra ministra, ha asegurado que la terna que enviará para sustituir al ministro está compuesta sólo por mujeres.

López Obrador quiere una Corte a modo. Se la ha pasado arremetiendo en contra de los ministros y ministras que él propuso, porque supone que tienen que pagar el favor ante cualquier tipo de decisión que esté en juego.

En el extremo no permite que quienes propuso y hoy pertenecen a la Corte tengan la capacidad de discernimiento de asuntos que son de su competencia para los cuales se han preparado a lo largo de su vida profesional; son ministros de la Corte y para la Corte, no son ministros del Presidente.

Arturo Zaldívar al final acabó evidenciando lo que venía haciendo desde hace algunos años, pero que negaba, dentro de los terrenos del no pero sí.

RESQUICIOS.

Las y los legisladores del oficialismo confirman que dicen que quieren discutir, pero no escuchan. Las confrontaciones de ayer en el debate sobre el PEF siguen la línea del no se le cambia ni una coma y del voy derecho y no me quito y eso que se trataba de Acapulco.