Mosaicos electorales

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Por Aurelio Contreras Barrales

Hoy en día están en marcha los procesos internos de las dos principales coaliciones que se habrán de disputar la Presidencia de la República el año entrante: Juntos Hacemos Historia (MORENA-PVEM-PT) y el Frente Amplio por México (PRI-PAN-PRD). De igual forma irrumpe en la conversación política el papel de Movimiento Ciudadano (MC) como esquirol del oficialismo, ya que México está lejos de tornar al tripartidismo.

Sin embargo, en los comicios del año entrante se renuevan más cargos: todo el Congreso de la Unión (Cámara de Diputados y Senado de la República), las gubernaturas de nueve entidades federativas, los congresos locales de prácticamente todos los estados y varios ayuntamientos. Y estas elecciones serán fundamentales tanto para el resultado de la elección presidencial, como para la integración del Congreso.

De las gubernaturas que habrán de renovarse, seis están encabezadas por MORENA (en el caso del gobernador de Morelos, Cuauhtémoc Blanco, arribó al cargo arropado por el PES; sin embargo, esta formación perdió el registro y su líder, Hugo Eric Flores, rompió con el mandatario en 2022), dos por el PAN, y una por MC. Estos estados renovarán sus gobiernos que llegaron al poder en medio de la ola obradorista de 2018, por lo que será interesante observar su comportamiento en este proceso de renovación.

La repartición de las candidaturas a estos gobiernos locales será controvertida. Empezando por el bloque oficialista, se espera que MORENA se “agandalle” todas las candidaturas a gobernador, por tratarse del partido mayoritario y aquel que ostenta la titularidad del Ejecutivo federal. Además de ello, los perfiles competitivos en todos los estados provienen de sus filas y, algunos, del gabinete presidencial, por lo que difícilmente cederían algún espacio a sus partidos aliados, el PT y PVEM. Sin embargo, ya quedó demostrado, por elecciones locales pasadas, que un rompimiento entre estos partidos satélites con el partido oficial le podría costar bastante caro a este último. Principalmente hablando del PVEM, partido que cuenta con un gobierno estatal e importantes estructuras territoriales en distintas regiones del país, por lo que su apoyo resulta fundamental.

Al menos este último partido pelearía por llevar mano en la candidatura a la gubernatura de Chiapas. En 2012 les funcionó: lograron que el PRI, en pleno ascenso a reconquistar el poder, le cediera al entonces joven político del Verde, Manuel Velasco Coello, la candidatura a la gubernatura, privilegiándolo por encima de priistas de antaño como María Elena Orantes (que a la postre renunció al partido) y los excandidatos Sami David y José Antonio Aguilar Bodegas.

Hoy en día, aunque MORENA gobierna el estado con Rutilio Escandón y los dos principales aspirantes formen parte de las filas del partido guinda, el PVEM va a pelear por volver a gobernar Chiapas, ante la inminente “derrota” de su presidenciable Manuel Velasco Coello en el proceso interno oficialista. Y no debemos olvidar que el inicio del fin de la alianza PRI-PVEM se dio, precisamente, en Chiapas.

Del lado de la oposición será más interesante de apreciar. Dentro de la alianza, los números en las encuestas favorecen, en los nueve estados, al PAN por encima del PRI. El primero capta en la mayoría de los estados entre 18 y 30 por ciento de intención de voto, mientras que el tricolor tan solo entre 4 y 10 por ciento. Del PRD mejor ni hablar. Ante tal situación, prácticamente todos los estados en disputa deberían ser abanderados por Acción Nacional, pero como es inadmisible dejar sin posiciones a los otros dos partidos (principalmente al PRI), el PAN tendrá que ceder algunas entidades.

Para el albiazul, indudablemente irán los estados de Guanajuato (su principal bastión a nivel nacional) y Puebla (donde el único personaje opositor competitivo es el alcalde capitalino Eduardo Rivera). A pesar de que en Ciudad de México el PRI cuenta con un perfil competitivo como lo es Adrián Ruvalcaba, lo más probable es que el PAN también se haga de la candidatura con alguno de sus alcaldes, que se han mostrado más confrontativos con la administración local morenista.

Chiapas, que muy probablemente ganaría MORENA (a menos que el Verde se rebele), podría ser abanderado por el PRI, ya que, históricamente, Acción Nacional nunca ha figurado electoralmente en dicha entidad. Igual sucedería en Tabasco (entidad que MORENA tiene ya en la bolsa, por obvias razones), estado en el que el PAN siempre ha tenido votaciones marginales, por lo que estaría siendo disputado, dentro de la alianza, por el PRI y el PRD.

Este último partido, al borde de la desaparición a nivel nacional, aún mantiene una estructura local latente que dejó el exgobernador Arturo Núñez, y que con la adhesión del exgobernador madracista Manuel Andrade Díaz al partido, logró colocarse como segunda fuerza política en las elecciones del 2021, por encima del PRI.

En un inicio, en Jalisco, parecía que el PRI podría disputarle al PAN la candidatura, ya que en cuestión de alcaldías son la segunda fuerza política tapatía y contaban con un perfil aceptado socialmente, Arturo Zamora, exsecretario general de la CNOP. Sin embargo, este último renunció al partido, por lo que probablemente la candidatura recaerá en el PAN, aunque se prevé que el Frente Amplio sea relegado al tercer lugar, siendo la disputa real entre MC y MORENA.

La candidatura en el estado de Morelos también será competida, internamente, por el PAN y el PRI, ya que, si bien el panismo se colocó como segunda fuerza política y le arrebató la capital morelense a la coalición MORENA-PES, el PRI es el partido que cuenta con el único senador de oposición en la entidad, Ángel García Yáñez, y sabemos que el hecho de ser senador por mayoría relativa o primera minoría convierte al legislador en cuestión en aspirante natural a la gubernatura de la entidad a la que representa.

Veracruz, nuestro Estado, que se vio saqueado por la voracidad del duartismo, quedó desencantado del panismo yunista y está sufriendo por la ineptitud y autoritarismo de Cuitláhuac García, está en el aire. Mientras en MORENA pareciera ser que el dedo presidencial se decantará por Rocío Nahle (aunque puede que se dé un cambio de último momento) y se pone en duda la alianza con el PVEM, en el Frente Amplio se debate el postular a algún miembro del linaje de Yunes Linares (ya sea el excandidato Miguel Ángel Yunes Márquez o su esposa, Patricia Lobeira), al senador panista Julen Rementería (vinculado con el partido derechista español Vox) o a uno de los dos opositores que resistieron a la aplanadora morenista para las diputaciones federales en 2021: el priista José Francisco Yunes Zorrilla (quien cuenta con respaldo territorial y una trayectoria fuera de los escándalos). Aunque las encuestas colocan al PAN en un segundo sitio y al PRI en una tercera o cuarta posición, el hecho de que los yunistas panistas se encuentran en un romance con el morenismo para evitar investigaciones, y el senador Rementería carece de arrastre territorial, las negociaciones podrían favorecer al único priista con posibilidades de hacerse de la candidatura.

Finalmente, el único estado en el que probablemente no haya alianza opositora es Yucatán. Mientras el PAN cuenta con un liderazgo político fuerte en la figura del gobernador Mauricio Vila Dosal, y un precandidato con amplias posibilidades de triunfo como lo es el alcalde de Mérida Renán Barrera, el PRI local se ha mostrado opositor al gobierno del estado y más cercano a MORENA, partido que también es oposición en la entidad.

Además, el PRI cree que tendrá los mismos números que en 2018: su candidato, Mauricio Sahuí, quedó en segundo lugar, a tan solo tres puntos del hoy gobernador, un resultado formidable en comparación con la paliza propinada en otros estados y a nivel nacional en dicho año. También logró posicionarse como la primera fuerza política en el Congreso local, con mayor número de ayuntamientos y fue el único estado en el que la fórmula presentada por el partido logró ganar la Senaduría, de la mano de Jorge Carlos Ramírez Marín y la hoy morenista Verónica Camino Farjat. Y es sabido que el primero aspira a la candidatura priista. Sin embargo, al perder el estado en dicha elección, parte de la estructura migró a MORENA y la demás partió con la exgobernadora Ivonne Ortega en 2019, aunque no se vio reflejada en los pobres resultados de MC en la entidad.

Aunque el priismo yucateco logró un 22 por ciento en 2021 y aún triunfó en 41 alcaldías, se desplomó de la primera a la tercera fuerza parlamentaria y las encuestas apenas le otorgan un 8 por ciento de intención de voto.

A pesar de los escenarios de este análisis previo a los comicios regionales del año próximo, los cuales también definirán la elección federal y el rumbo nacional durante los próximos seis años, los mosaicos electorales podrán modificarse en los meses siguientes y las hipótesis presentadas en la presente columna serán aclaradas, desmentidas o confirmadas. Por lo tanto, quedará esperar a que las negociaciones partidistas se den, las fisuras se evidencien y el escenario se complete para una reflexión más profunda y certera.