Quebradero

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Curso intensivo de sufrimiento futbolero

 

Por Javier Solórzano Zinser

 

El aficionado al futbol sabe que al juego lo acompaña una dosis de sufrimiento futbolero, es parte de su atractivo. En la mayoría de los casos no se sabe qué va a pasar, lo que se convierte en una de las grandes virtudes del juego, un partido tiene innumerables escenarios, posibilidades y probabilidades.

Los aficionados mexicanos nos hemos comportado mejor que nuestra selección, la fidelidad está a prueba de derrotas y del jugamos como nunca, pero perdimos como siempre.

En lo que estamos desde hace tiempo en falta es en algo que nos ha atrapado de manera a veces inconsciente, en otras en medio del relajo colectivo y en otras más como protesta, el multicitado grito homofóbico.

Por más que se ha tratado de evitar aparece como una singular forma del relajo colectivo, pero también como una manera de protesta por la forma en que ha jugado el Tri. Hemos exportado el grito en mundiales y entre los paisanos cuando se lleva el gran negocio de la Selección Nacional a jugar a EU. Si el equipo anda bien por lo general el grito no aparece, es un tema que nos tiene cercados.

La afición es más que la selección y la selección nos la debe. Nos pasamos pensando que algún día algo va a pasar que nos llevará a por fin quedar reconciliados, de nuevo en el imaginario colectivo pensamos que puede suceder a partir de hoy.

Los aficionados tendemos a sentirnos identificados y representados con los futbolistas, a los cuales por lo general señalamos más allá de lo que pueden hacer y de lo que es el juego. Mucho tiene que ver que los vemos como extensión de nosotros mismos en medio de contradicciones, expectativas, aspiraciones y esperanzas.

Hoy a las 10 de la mañana inicia un nuevo curso intensivo de sufrimiento futbolero y también de esperanza. Entraremos como cada cuatro años en línea directa con emociones, pasiones, alegrías e inevitablemente sufrimientos.

En el último año la selección ha sido un conjunto de contradicciones. Sólo por momentos ha jugado bien en partidos en que se jugaba la calificación, en los partidos moleros, lo que importa es que se llenen los estadios. Llegar al Mundial ha tenido más que ver con enfrentar a equipos desiguales en la zona, que por méritos propios.

En otras ocasiones, la esperanza en el Tri tenía que ver con el futbol que se estaba jugando. Hoy el entrenador y los jugadores son conscientes de que los aficionados, a partir de hoy ante la tele, de alguna manera tenemos claro que el futuro es definitivamente incierto, pero no sin esperanza.

La pasión que nos provoca el futbol como fenómeno social y como parte de nuestra cotidianidad es lo que nos mantiene a flote, pero sobre todo, porque está en nuestras entrañas lo que nos significa la Selección Mexicana.

Sin importar cómo ande el Tri se le sigue de manera incondicional, particularmente en los mundiales. Más allá de la convivencia colectiva que producen los partidos, son momentos en los que el país en algún sentido se une como en pocas ocasiones.

El futbol provoca lo que ningún otro fenómeno social en el mundo y de manera muy particular en países como el nuestro. Los jugadores lo saben, lo que los lleva a cargar un extra que suponemos se trabaja en las largas concentraciones que se ven obligados a tener.

No se define en los futbolistas el destino, lo que sucede es que a lo largo de varios partidos de futbol concentran nuestra atención de manera absoluta y excesiva.

Sabemos que pase lo que pase en la cancha, la vida sigue, lo que la hace un poco diferente es ser parte como aficionado de nuestro equipo al que queremos verlo digno y, sobre todo, ganar.

Desde las 10 a. m. entramos a un nuevo curso intensivo de sufrimiento futbolero con la inevitable esperanza al lado.

RESQUICIOS.

Por las reacciones y lo que se dice desde el gobierno sobre la marcha del domingo 13 queda claro que entre que les molestó, los desplazó y les quitaron un espacio que consideran propio. Decir que la marcha fue una caricatura es una obviedad más.

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