Quebradero

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Turismo, la luz al final del túnel

Por Javier Solórzano Zinser

Uno de los sectores al que más le ha pegado la pandemia es al turístico. La industria se quedó parada al menos un año, no había manera de hacer algo porque el Covid obligó al encierro.

Para un país como el nuestro que tiene al turismo como una de sus principales fuentes de ingreso el golpe fue mayor. Pongamos en perspectiva la gran cantidad de personas que de manera directa o indirecta viven alrededor de la industria sin chimeneas.

Veamos como ejemplo a los grandes hoteles que llegan a tener más de 400 cuartos, los cuales de la noche a la mañana tuvieron que cerrar. Consideremos así mismo lo que significa en la vida de miles de personas que se quedaron sin empleo, por más que en algunos casos haya habido un gran esfuerzo por parte de las empresas.

Lo primero que se tuvo que hacer fue despedir a los trabajadores eventuales. Por lo general quienes son contratados bajo este régimen son los primeros que padecen problemas porque son la parte expuesta y en algún sentido prescindible contractualmente.

Prevalecen entre quienes trabajan en el turismo personas jóvenes. Quizá se deba a que por el factor edad sean quienes asumen riesgos y se adaptan a todo tipo de circunstancias. En estudio sobre el tema se aprecia que los jóvenes que se dedican a esta actividad tienen una gran disposición a moverse de sus centros de trabajo en cualquier momento, hay una gran movilidad, pero la tendencia es que se mantienen en la industria del turismo.

Otra variable que los define es que por lo general no tienen familia, suelen estar bien informados y hablan al menos dos idiomas. Lo que queremos decir es que la industria turística cada vez tiene mujeres y hombres más preparados, se han dedicado a estudiar y tienen una enorme vocación de servicio.

Ellas y ellos fueron los primeros afectados. De la mano, es importante considerar en esta coyuntura lo que pasó con todas las empresas que ofrecen sus servicios a los centros turísticos, particularmente hoteles y restaurantes. La industria no se colapsó porque está en lo general bien organizada a pesar de que en algunos no haya apoyo de los gobiernos locales.

A nivel federal no hubo incentivos y más bien se abocaron a administrar la crisis derivada de la pandemia. Estaba claro que a lo largo de estos casi dos años no había manera alguna de alentar el turismo, pero lo que fue un hecho es que poco o nada se le ayudó.

La industria, como muchas otras, la pasó muy mal y quienes salieron en su defensa como pudieron fueron quienes trabajan en ella.

El Tianguis Turístico está buscando ser un nuevo punto de partida. La industria está reunida en Mérida desde el miércoles. Se trata de buscar la manera en que se firmen convenios y se hagan negociaciones que permitan en el muy corto plazo que el turismo pueda recuperarse y convertirse de nuevo en una fuente de ingresos fundamental para el país.

Los primeros informes son favorables. La razón está en que estamos entrando en otra etapa de la pandemia, sin dejar de estar en ella, a la vez que se viene el fin de año. Nos decían algunos hoteleros que están esperanzados porque han tenido una cantidad realmente importante de reservaciones para Navidad y Año Nuevo.

Los destinos de sol y playa siguen siendo los favoritos, alcanzan cerca del 90%. Habrá que ver cómo les ha ido en todo este tiempo a quienes ofrecen servicios en las playas. Es un sector que ha crecido en medio de cierto caos, aunque es sabido que vive entre intimidaciones y presiones por parte de las autoridades y desde hace tiempo también por la delincuencia organizada.

En medio de la adversidad de estos dos años nos queda la impresión de que el turismo empieza “ver la luz al final del túnel”.

RESQUICIOS

Parece que el encuentro de mandatarios de América del Norte tiene saldos positivos. Los temas rudos se trataron en corto, es cuestión de poco tiempo para conocer qué va a pasar con ellos, particularmente con la Reforma Eléctrica, migración y salud.

 

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