Por respeto a la memoria. A seis años

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Por Mirtha Luz Pérez Robledo

Madre de Nadia Vera

 “(…)Estado se llama al más frío de todos los monstruos fríos. Es frío incluso cuando miente; y ésta es la mentira que se desliza de su boca: “ Yo el Estado, soy el pueblo”.(…)pero el estado miente en todas las lenguas del bien y del mal; y diga lo que diga, miente, y posea  lo que posea lo ha robado. Falso es todo en él.(..) hace señas a los predicadores de la muerte(…)” FRIEDRICH NIETZSCHE (Así hablaba Zaratustra)

A seis años de aquélla fatídica tarde del 31 de julio de 2015 en que fueron arteramente  asesinados Rubén Espinosa, Nadia Vera, Mile Martín, Yesenia Quiroz  y Alejandra Negrete pregunto ¿Sirven nuestras palabras, nuestras protestas, nuestras denuncias ante la indolencia institucional?

Sin embargo escribo, porque escribir dice Séneca: es una forma de contribuir a preservar la memoria de los que hemos perdido.

Desde este país  de las simulaciones, donde se simula una democracia sólo durante las elecciones ,y el partido que queda en el poder se vuelve una dictadura que amenaza, como suelen amenazar las dictaduras a quienes no coinciden con ella y a quienes critican sus desaciertos y por ende los ciudadanos  tenemos que hablar entre líneas y con insinuaciones; desde este país donde vigilan constantemente a los periodistas que se vuelven incómodos para el sistema, porque son los únicos que saben hacer diligentes investigaciones que la  Institución Judicial en su negligencia no es capaz de realizar; desde este remolino de muertos que se ha vuelto el país, en este aire de cenizas de desaparecidos, escribo y resisto.

A la violencia contra nuestra Nadia, le siguió la violencia Institucional, luego, la tortura, porque ocultar y dosificar la información, también es tortura, y, después la indiferencia, la indolencia.

Con ello corroboramos que en este país, un ciudadano común como nosotros no tiene fácil acceso a la Justicia, cuando está vivo, (cuando ha sido asesinado ¿qué es justicia?). Pocas veces tenemos oportunidad de ser escuchados, casi ninguna posibilidad de decir lo que pensamos sin sufrir las consecuencias de tal osadía.

Como hace 6 años, hay preguntas que siguen siendo las mismas y cierta estoy que nunca tendrán respuesta, porque le han apostado a provocarnos incertidumbre, a quebrantar nuestro ánimo para obligarnos a desistir, prácticas que suelen heredarse, de administraciones anteriores y replicarse sin importar quien se encarga de la Institución Judicial y qué nombre ostente; cambia el nombre, no las prácticas omisas, indolentes, indiferentes y corruptas.

A seis años  de los asesinatos:

No se sabe cuál fue el móvil.

Se sigue filtrando información a los medios como si su objetivo fuese proteger a los criminales

No se ha investigado ni castigado a quienes permitieron las filtraciones

No han investigado quién se apropió de las pertenencias de las víctimas

Se siguen haciendo afirmaciones  sin presentar pruebas concluyentes

No se ha buscado el arma con que se cometió el crimen

Se sigue revictimizando  a las víctimas

No se ha investigado la línea Veracruz, donde Nadia y Rubén sufrieron persecución y amenazas  por parte de la Policía de ese estado.

¿Qué intereses llevaron a la PGJDF, y ahora llevan a la FGJDF a adoptar una estrategia de incertidumbre, desinformación y sospecha que generara dudas sobre la integridad y la reputación de las víctimas al grado de que la opinión pública pudiese encontrar justificación para el asesinato?

En esta búsqueda de la verdad, verdad que surja de una investigación seria, justa, clara, diligente, exhaustiva; exigimos lo que es nuestro derecho.

EL DERECHO A LA VERDAD, EL COMBATE A LA IMPUNIDAD, EL RESPETO A LA MEMORIA.

Nuestra Nadia ha sido asesinada y con eso “sabemos que no existe ya posibilidad de justicia y la razón primera es casi semántica: Una de las cuatro virtudes cardinales, que inclina a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece. Lo que nos corresponde, lo que nos pertenece nos lo han arrebatado, irremediablemente.

 Pero entonces, cuando no queda casi nada, queda defender la memoria, queda no volverse insensible ante la normalización de la violencia, de esa violencia perra que algunas veces sentimos tan lejos y otras veces nos abofetea en la cara.

Queda dar la espalda al individualismo impuesto desde la lógica mercantil, a este ridículo “sálvese quien pueda”, queda ser solidarios.

Queda no dar crédito a sus “verdades históricas”, a la estigmatización que se promueve desde los medios oficiales.

Queda vivir con dignidad, nos queda la necedad de vivir sin tener precio.” (***)

(*** Texto de César Ernesto López Pérez, tomado de Círculo Guinda. Políticamente Vivos. Año I Número 2 Septiembre 2015)

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