“Que se enfríen las cosas”
Por Javier Solórzano Zinser
Más allá de que “se enfríen las cosas” o el “no voy a renunciar” como, presumiblemente, dijo la presidenta del INE, Guadalupe Taddei, el instituto está pasando por una serie de problemas que lo primero que generan es la desconfianza en el árbitro de las elecciones.
La presidenta era el perfil de lo que quería López Obrador, fue electa a través de la inexplicable tómbola. El expresidente decía que no la conocía, pero que sí conocía a su familia, la cual era progresista, honesta y confiable; no la conocía, pero hay fotos con ella.
La tómbola fue el mecanismo idóneo para colocar en el INE a personajes empáticos al proyecto de López Obrador, quien intentó por todos los medios transformar al instituto.
La filtración, que debe tener santo y seña, de una serie de videos que evidencian una presunta relación más allá de lo profesional entre la presidenta del INE y un empresario, deja claro que se están presentando en el instituto irregularidades que no pueden ser pasadas por alto, más allá de que el personaje en cuestión haya sido designado por sus capacidades, pero, sobre todo, porque resultó a modo para la llamada 4T.
De no ser cierto lo que hemos visto, lo cual no se ve cómo pueda ser, la presencia de Taddei al frente del INE resulta contraproducente para el instituto, pero, sobre todo, para la confianza y certidumbre en el proceso electoral.
Este día el tema debe ser tratado en el INE con el máximo rigor. No puede pasarse por alto que, en medio de esta crisis, lo que subyace es la confianza en el instituto, que en muy poco tiempo ha pasado de ser un órgano autónomo confiable para convertirse en un órgano dependiente al que le acompaña la incertidumbre.
De manera inevitable surgen las comparaciones con anteriores presidencias del instituto. El INE es un organismo que por sus atribuciones vive en medio de controversias. Muchas de ellas por crisis internas y por problemas derivados de las decisiones que toma.
Pero otras de ellas tienen que ver con la interpretación que desde fuera se hace respecto a la labor del INE. La presidencia anterior del Instituto fue sistemáticamente criticada. Si bien es cierto que en muchas ocasiones merecía observaciones y críticas puntuales, su labor terminó por ser muy importante para el desarrollo cabal de las elecciones anteriores.
La crítica al pasado tenía por momentos más el intento de desacreditar al instituto buscando hacerlo a imagen y semejanza de López Obrador. El expresidente quería cambiarlo a como diera lugar, y está pasando por una delicada transición, crece la desconfianza y está dejando de ser una de las instituciones más confiables entre los ciudadanos.
Si la anterior presidencia del INE hubiera tenido en su entorno circunstancias como la que actualmente tiene Guadalupe Taddei, estaríamos ante algo más que un escándalo. Se llenarían de adjetivos para atacarlo, y, sobre todo, a su presidente.
Bajo un momento como el que se está viviendo el INE, en su carácter autónomo, tiene que tomar decisiones trascendentes. Por cómo se han venido dando las cosas no tiene sentido mantener la actual presidencia. Hacerlo va a convertirse en un elemento atomizador del instituto, al tiempo que irá creciendo la desconfianza en el mismo.
Si no hay una explicación convincente, no vemos cómo pueda existir, no hay otra salida que el cambio en la presidencia del Instituto. Es un asunto por la salud de la propia institución y, particularmente, crear condiciones de confiabilidad, lo cual es un elemento fundamental.
El gobierno y su abrumadora mayoría en el Legislativo deben hacer una profunda autocrítica. Queda la impresión de que, con tal de dejar a alguien de los suyos, acabaron por verse otra vez peor que los de antes.
RESQUICIOS.
Brutal, por donde se le vea, el doble feminicidio de una mujer de 55 años y su nieta de 12 en Ostuacán, Chiapas. Los asesinos fueron sacados de la cárcel, uno de ellos fue decapitado en la plaza pública a la vista de los enardecidos ciudadanos.