Descanse en paz

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Por Fernando Vázquez Rigada

Más allá del análisis del escándalo que enfrenta la presidenta del Instituto Nacional Electoral (INE), la gravedad, a mi juicio, reside en otra parte: la erosión de la credibilidad de una institución que, durante años, fue piedra angular de la democracia mexicana.

Durante años, el INE gozó de uno de los niveles más altos de confianza entre las instituciones mexicanas. No era poca cosa en un país que desconfiaba profundamente de lo público.

El INE surgió bajo un clamor popular de imparcialidad, tras dos eventos trágicos: el fraude de 1988 y el asesinato de Luis Donaldo Colosio.

A esos traumas políticos les siguió la bancarrota nacional de 1993-1994. La política necesitaba una válvula de escape, y esta llegó mediante una negociación de amplio espectro que arrebató a la Secretaría de Gobernación la organización de las elecciones y se la otorgó a la sociedad.

Las reñidas elecciones de 2006 colocaron al entonces IFE en el centro de los ataques de Andrés Manuel López Obrador.

Pese a que, finalmente, accedió a la Presidencia gracias a una elección democrática en 2018, el proyecto del tabasqueño siempre fue destruir esa institución.

Lo intentó, pero no lo logró debido a la resistencia de la sociedad.

Al final, consiguió colonizar al INE y, poco a poco, se le fueron otorgando más facultades en un proceso de centralización, al tiempo que se nombraba a consejeros a modo.

Pero ahora todo ese andamiaje queda en entredicho por una serie de revelaciones que apuntan a una corrupción extrema. Los señalamientos no involucran únicamente a su máxima autoridad, sino también a su entorno.

A la presidenta del INE se le otorgaron poderes excesivos y, poco a poco, fue colocando a personas cercanas en puestos clave. Por ahora, no hay señalamientos de corrupción contra ellas, aunque sí de parcialidad.

El problema es que, más temprano que tarde, también quedarán contaminadas por la estela de acusaciones.

La influencia que se le concedió al INE sobre los Organismos Públicos Locales Electorales (OPLE) puede, si este capítulo no se cierra pronto y bien, infectar a todo el sistema electoral.

Muy mala noticia para un país que vive un proceso cada vez más intenso de inestabilidad e irritación.

Peor aún, esto ocurre en medio del proceso electoral más grande de la historia de México.

La credibilidad del instituto está, simple y llanamente, a punto de morir.

 

@fvazquezrig