Quebradero

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“RESILIENCIA”

 

Por Javier Solórzano Zinser

Más allá de que los legisladores y los partidos políticos se dediquen a lanzar todo tipo de pullas, los resultados de la prueba PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes) de la OCDE van más allá de todo esto.

De alguna manera se sabía en qué niveles está la educación en México. Se vino a confirmar las deficiencias con las que llegan a ciertos grados escolares, las cuales no cambian mucho en la medida en que siguen avanzando en el proceso escolar.

Para que nos demos una idea en los niveles en que estamos en el conocimiento básico, el promedio de la OCDE en la prueba PISA alcanza el 65%, en tanto que el nuestro llega al 30%. Los resultados más altos los tiene China en ciencias con 597 puntos, el promedio de la OCDE fue de 482 y México alcanza 414.

En materia de lectura, el puntaje mexicano fue de 408, el promedio de la OCDE es de 461. Singapur es el mejor evaluado con 535 puntos. Finalmente, en ciencias obtuvimos 414 puntos, el promedio de la OCDE fue de 500.

Si bien no es un problema únicamente de los gobiernos de la llamada 4T, los resultados recientes muestran que las cosas se han agudizado bajo una perspectiva particularmente delicada, se conoce lo que está pasando y a pesar de ello no se cambia el rumbo.

En cada sexenio se cree que se puede descubrir el hilo negro de la educación. Hacen cambios, inventan conceptos y definiciones, llegan especialistas —o presuntos especialistas—, para que al final las cosas se vayan dejando ir sin que haya una evaluación acuciosa de lo que se está haciendo.

En el sexenio de López Obrador se echó a andar una singular maquinaria educativa en que pareciera que una persona acabó decidiendo el rumbo de todo el proyecto. Los nuevos libros de texto originalmente eran para ciertos grados escolares, pero a la mera hora, de un plumazo, se decidió que se aplicara en todos los niveles, sin importar si habían pasado por un proceso de análisis, revisión, prueba, y si en el fondo se presentaba un avance real respecto al desarrollo escolar del que se venía.

Poco importó a la mera hora que muchos de los programas acabaran en procesos ideologizados, y también, de un plumazo, se decidió que las evaluaciones no eran un elemento importante en el desarrollo escolar.

En medio de todo este vendaval educativo se cruzaron muchas cosas, pero, sobre todo, se vino la pandemia. Se reconoce que cualquier proyecto que se hubiera tratado de instrumentar en esos años iba a correr enormes riesgos y no iba a ser posible cumplirlo de manera puntual.

Sin embargo, el rumbo original no cambió. Los propios maestros acabaron confundidos haciendo auténticamente milagros en los salones de clase. La vocación magisterial es lo que en buena medida mantiene a flote el proceso educativo.

La prueba PISA es el enésimo llamado de atención respecto al proceso educativo nacional. En el informe en que se presentaron los resultados llamó la atención que el responsable de la prueba dijera que México tiene una alta “resiliencia”.

No queda muy claro a qué se refirió, pero presumimos que en medio de las adversas condiciones que se viven en las escuelas públicas, muy probablemente haya querido hacer un reconocimiento a lo que día con día se hace en las aulas.

A nadie le viene bien el resultado de la prueba. Lo absurdo sería no reconocer lo que significa y el entorno en el que estamos. Lo de la Nueva Escuela Mexicana se diluye cuando aparecen tercas realidades como ésta. Se tiene que asumir que las cosas van mal, pero evidentemente son susceptibles de mejorar.

De nada sirven los golpes de pecho, el escarnio, por lo que pasa, y menos aún pensar que no pasa nada.

RESQUICIOS.

El Gabinete de Seguridad acumula más de 67,200 detenciones por delitos de alto impacto desde el inicio de este Gobierno. Un dato importante es que de ellos 111 eran funcionarios.