Quebradero

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Las campañas y el narco

 

Por Javier Solórzano Zinser

Desde siempre se ha metido dinero fuera del marco legal a las campañas. Quizá no haya sido en efectivo, pero desde que andamos en los procesos electorales se han gestado apoyos externos que no han sido reconocidos ni perseguidos.

Lo que ha pasado en los últimos años, es que el narcotráfico se ha convertido en un poder dentro del poder. Ha establecido una relación cada vez más directa con la política, la cual es la que le permite desarrollarse y establecerse.

Los políticos lo saben. Les da por hacerse de la vista gorda, sin importarles lo que pasa más allá de sus ojos o, de plano, se involucran para luego negar lo que pasa.

El dinero que se metió entre los 70 y los 90 hizo que los candidatos fundamentalmente del PRI ganaran todas. No existían mecanismos rigurosos de observación y la oposición no tenía la fuerza suficiente para hacerse valer en las urnas y en las demandas electorales.

A pesar de que la 4T se haya desecho de los órganos independientes que reglamentaban e impulsaban la transparencia y la rendición de cuentas en todos los niveles, los procesos sobre la revisión de los dineros para las campañas siguen siendo un elemento de revisión ciudadana.

En algunos casos, son los propios partidos políticos los que investigan y revisan de forma independiente y a través del INE, con todo y que los organismos autónomos electorales han venido siendo cooptados, el desarrollo de los procesos.

Es evidente que en la medida en que se pierda la capacidad de vigilancia y que los partidos se hacen de la vista gorda, los problemas en materia de dinero para las campañas van a ser interminables, a lo que se suman las pocas ganas que tienen los partidos en llevar sus procesos de manera escrupulosa.

Los cárteles llevan mucho tiempo metiendo dinero a las campañas tratando de colocar candidatos. En la medida en que el narcotráfico ha crecido su participación es obviamente mayor lo que les permite tener control en territorio.

A esto sumemos la abierta complicidad entre aspirantes, y luego gobernantes, con la delincuencia organizada. No hay hilo negro en esto. En muchos municipios se sabe sobre el actuar de unos y otros, y, lo que son las cosas, a menudo es la forma en que se ve beneficiada, paradójicamente la población

Que se diga que no hay pruebas del narcotráfico en las campañas de los gobiernos, es querer desconocer el modus operandi que existe de tiempo atrás que se ha venido agudizando.

Las acusaciones de EU tienen que ver precisamente con esto. Las pruebas, en las que se insiste, están a la vista. En Sinaloa hay evidencias de que el narcotráfico se metió en el proceso, de otra forma no se explica cómo una gran cantidad de ciudadanos fueron secuestrados e impedidos de votar, en las elecciones pasadas.

Al día siguiente, se negó que hubiera pasado algo que alterara el proceso, a pesar de las denuncias y la petición del candidato del PRI Mario Zamora, de que dejaran en libertad a las personas que tenían secuestradas.

No fue el único caso. En muchos otros estados se dieron a conocer testimonios en público y en privado que quedaron en el aire, en medio de la preocupación justificada de que al presentar una denuncia fueran amenazados y perseguidos.

Bajo la dinámica en la que vivimos, es cierto que se requieren pruebas, pero también es cierto que existen muchos elementos para investigar en serio cómo se fue metiendo el dinero del narcotráfico en las elecciones y cómo fueron impulsando candidatas y candidatos.

Que exista abierta complicidad no significa que no pase nada. A esto se refieren las acusaciones de EU sobre el huachicol fiscal y otras “actividades” y las de muchos ciudadanos.

RESQUICIOS.

Todo sigue siendo confuso, quizá intencionalmente, en el caso de la periodista Roxana Guzmán. Se ha detenido a policías locales quienes, presuntamente, participaron en el secuestro; como fuere, seguimos sin saber dónde está Roxana.