Por Juan José Llanes
Me genera una gran tristeza, por supuesto, el deceso de mi querido amigo Alejandro Cossío Hernández, noticia que conocí este domingo 21 de junio por la tarde. Pero, sobre todo, me llena de un coraje y de un enojo que van más allá de la lógica sensación de pérdida, sino que se nutren de la idea de que Alejandro se fue de este plano delineando la dramática injusticia y la brutal hipocresía con la que gobiernan los que ahora mandan.
Esos, a los que Alejandro ayudó a llegar (porque lo hizo y me consta) y que luego lo dejaron solo.
Sabedor de que no faltan los apologistas de las salvajadas que se cometen desde las cúpulas, me permitiré contar lo que sé y me consta.
Empezaré por este episodio: cuando en 1998 llegó a la gubernatura de Veracruz Miguel Alemán Velasco, tomó la decisión -primero- de hacer director de Radiotelevisión de Veracruz a Miguel Ángel Sánchez de Armas; luego, convertir a RTV en un organismo público descentralizado. Los trabajadores de la televisora estatal decidieron conformar un sindicato propio y desembarazarse del yugo que implicaba pertenecer al sindicato del Poder Ejecutivo, encabezado en aquellos días por la hoy extinta Juana Consuelo Méndez.
El nacimiento del Sindicato de Trabajadores al Servicio de Radiotelevisión de Veracruz (STSRTV) fue recibido de mala manera por el autoritarismo alemanista que, con esas vertientes fascistoides que ahora reaparecen, asumía que el sindicalismo independiente tenía que ser sofocado. Me acordé de que un amigo de la infancia era diputado local: Alejandro Cossío, en aquellos tiempos militante del PAN.
Alejandro ayudó a los trabajadores de RTV en su lucha en aras de la libertad sindical y se consiguió que, por primera vez en la historia del Poder Legislativo de Veracruz, el titular de un organismo descentralizado fuera forzado a comparecer ante las Comisiones Unidas de Trabajo y Derechos Humanos del Congreso del Estado.
Y, finalmente, tras mucho esfuerzo, el STSRTV obtuvo su registro sindical.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o
Muchos años después (ya en 2017) me enteré de que Alejandro Cossío y otros empresarios veracruzanos habían acudido al Palacio de Gobierno para exigir que se pagaran los adeudos criminales que había dejado el gobierno de Javier Duarte, y que los llevó a la quiebra. Duarte, simple y cínicamente, contrató servicios, compró bienes, hizo obra pública…y no pagó.
Miguel Ángel Yunes Linares, quien en 2016 ganó la elección de gobernador, para el 2017 ya se le había olvidado todo lo que prometió para llegar al poder. Se le olvidó que se había comprometido a hacer pagar a Duarte; se le olvidó que se había comprometido a corregir todo, a todo enderezar, a hacer justicia, a enderezar todo lo que se había torcido en el duartato.
No tardamos mucho en darnos cuenta de que Yunes tenía una sola idea en la cabeza (y la sigue teniendo): que su hijo fuera -luego de él- gobernador. El monotemático gobierno yunista prometió Justicia y lo que hizo -apenas- fue ajusticiar a unos cuantos duartistas, usando a un mozo que traía con él, Jorge Winckler, a quien impuso de Fiscal General del Estado, que terminó en la cárcel, y luego fue abandonado a su suerte por el que fuera su idolatrado jefe.
Me enteré, entonces, que a esos empresarios que fueron a ver al gobernador Yunes, el mandatario no los recibió y, en cambio, los sacó a empujones del Palacio de Gobierno; terminaron lastimados, incluso físicamente, por la brutalidad que siempre ha caracterizado a este personaje, a quien le encantan las peleas desiguales, y fueron desalojados de una oficina que Yunes prometió que siempre estaría abierta.
Así pues, le escribí a Alejandro.
Le expresé mi solidaridad, mi aprecio a él, a su familia, a su causa. Alejandro me pidió vernos y nos vimos, y me platicó lo que atravesaban los damnificados del duartato. Le expuse lo que pensaba y, para la siguiente cita que tuvimos, llegó a verme a mi oficina acompañado de un hombre que merece toda mi consideración, admiración y respeto: Jesús Castañeda Nevárez.
Chucho resultaba ser un conocido, a fin de cuentas, por su raíz tuxpeña, como la de mi familia materna. Encabezaba “Empresas S.O.S.”, una organización de la sociedad civil, concentrada en rescatar al empresariado al que Javier Duarte reventó. Les expuse a Alejandro y a Jesús (quien no me dejará mentir) que, ante todo, yo veía un problema de violación a Derechos Humanos.
El resultante de ese ejercicio fue una queja que interpusieron los empresarios veracruzanos, en 2018, ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos, que derivó en una Recomendación histórica: la 155/2020, emanada del Expediente CEDH/1VG/DOQ/1497/2018. En su versión pública (visible en la página oficial de la CEDHV), se definió como “Caso”, la “Omisión de la SEFIPLAN de llevar a cabo el procedimiento de revisión y validación de los adeudos contraídos del 2010 al 2016 por distintas dependencias de la Administración Pública Estatal”.
Y es que Yunes había mandado a construir un laberinto insuperable, tendente -según el yunismo- a llevar a cabo la “validación” de todo lo que le quedó a deber Duarte a los empresarios veracruzanos. Yunes le dijo al empresariado que eran defraudadores; que eran “corruptos”; que eran “empresas fantasmas”; a Alejandro lo llamó “coyote”…
La Recomendación presentaba el reto de dilucidar si las personas morales (esto es, las empresas) podían ser sujetos de derechos “humanos”. Creo que el problema quedó bien resuelto a partir de la premisa lógica de que esas “empresas” están conformadas por personas físicas, que resintieron los actos y las omisiones del poder público.
Se tenía una perspectiva optimista en ese momento, porque la Recomendación (aunque dirigida al titular de la SEFIPLAN del nuevo gobierno que ya encabezaba Cuitláhuac García) se refería a las atrocidades de los dos regímenes inmediatos anteriores.
Alejandro Cossío estaba optimista desde que comenzó la contienda electoral de 2018. A fin de cuentas, se previa que Yunes vería frustrado su intento de sucesión dinástica y que Morena sería un tsunami… Optimista, pero no tanto.
Fue Alejandro Cossío quien -tras confirmarse el triunfo de Cuitláhuac García- financió la puesta en marcha de ese reloj digital que se instaló en la Plaza Lerdo de Xalapa, para contarle los días, las horas, los minutos y los segundos, que le quedaban al frente del gobierno del Estado al individuo que, después, traicionaría al partido que lo llevó al poder, y se adhirió -a través de su vástago- precisamente a Morena.
En ese evento, la instalación de ese reloj, al que Alejandro me invitó y fui, me refirió cómo había sido su previa interlocución con el ya gobernador electo. Alejandro no lo pudo definir mejor: un individuo limitado, pero cualquier cosa era mejor que la perpetuación de los Yunes. Le advertí a Alejandro que debía prever una posible confusión: no se estaban contando los segundos para que llegara Cuitláhuac; se contaban los segundos que faltaban para que se fuera Yunes.
Y, sí, por supuesto, había una diferencia.
Al final, Morena se montó en la primera hipótesis. Cuitláhuac tomó la protesta a su gabinete en la Plaza Lerdo y, como Yunes, comenzó a padecer amnesia: se le olvidó que había llegado encaramado en la popularidad de un personaje que tenía una década haciendo campaña (López Obrador) y en el hartazgo que generaron las promesas incumplidas y el autoritarismo yunista, y no en una imaginaria aceptación de una sociedad que nunca lo llegó a conocer y que recuerda, sobre todo, su impulso desmedido por hablar, adoptar el acento, los ademanes y el estilo de AMLO.
A esa “verbena” también me invitó Alejandro, pero ya no fui.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o
Sabíamos, por supuesto, que toda Recomendación de un organismo protector de Derechos Humanos como la CEDH, es una “llamada a misa”, por la naturaleza misma de esta clase de resoluciones, que no son vinculatorias.
Pero imaginamos que la oportunidad de hacer Justicia a las personas lastimadas por el PRIAN se presentaba en charola de plata: no eran los “empresarios” los que se presentaban ellos mismos como víctimas sino un órgano del Estado mexicano el que los definía como tales. A Alejandro, entre ellos.
Era difícil prever que el régimen de Cuitláhuac se terminaría caracterizando por el solapamiento a los abusos y violaciones de Derechos Humanos del duartismo/yunismo. Resultó obvio, al final, que, si la reparación definitiva a los abusos de Duarte-Yunes implicaba la cobertura de pasivos, el cuitlahuismo haría todo (absolutamente todo) para no cumplir. Y tan fue así, que incluso las órdenes judiciales que implicaban pagos, el gobierno de Cuitláhuac se las pasó por el arco…
En resumen, la “Cuarta Transformación” (en Veracruz, al menos) decidió no tocar ni con el pétalo de una rosa a quienes violentaron Derechos Humanos en el pasado; ha cometido nuevos excesos; no ha reparado a víctimas; no cumple órdenes judiciales, y decide nada hacer si implica gastar dinero en algo que no le represente un rédito político-electoral.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o
Con la llegada de una nueva administración Alejandro Cossío supuso que -por fin- la decencia permearía en el ejercicio del poder. Pero es difícil llegar a pedir Justicia a un régimen ante el que hay que presentarse con la biografía bajo el brazo, porque -como no son de aquí- no saben ni con quién están hablando.
En lo personal, decidí reservar hasta este momento todo lo que cuento en este texto, porque me dio la impresión de que Alejandro preservaba la expectativa de que se oyera su reclamo, y -sabiendo que quienes mandan son tan sensibles- nunca habría estado en posición de sabotear a los amigos. Pero creo que es el momento de contar cosas.
Ya enfermo, Alejandro hizo uso de todos los medios a su alcance para intentar paliar un padecimiento que lo aquejó hasta este domingo 21: apeló a la sensatez, y recurrió a la denuncia y a visibilizar la situación que atravesaba, pero lo hizo ante un Estado que (muy a lo Salinas, con quien tienen grandes paralelismos, les guste o no) ni ve ni oye a quienes le increpan algo, y prefiere apuntalarse en una sociedad narcotizada a punta de disparos de dinero público (léase apoyos sociales).
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o
La última vez que crucé palabras con Alejandro me dio la impresión de que sabía que el final de su episodio en este plano estaba próximo. Creo que lo sabía y, más aún, estaba listo. Al menos eso es lo que creo.
Me quedaré, por supuesto, con su vocación de hacer lo que consideraba correcto y justo, para sí y para otros. Expreso mi gratitud para con la vida que me permitió conocerlo y tratarlo, pero, sobre todo, me quedo con lo que Alejandro inspira:
Resistencia.