Quebradero

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“Examen de control”. Secuelas

Por Javier Solórzano Zinser

No le va a hacer fácil a la UNAM pasar la página con el tema de los exámenes de admisión.

Muchos de los aspirantes rechazados están peleando lo que consideran su derecho a ingresar. La comisión que investiga el caso ha concluido que habrá que aplicar un “examen de control” en el cual participen las y los aspirantes que hayan obtenido un determinado número de aciertos, lo cual les permite de nuevo participar a través de esta alternativa.

Difícilmente se le podrán ofrecer alternativas a todas y todos que no alcanzaron determinado número de aciertos debido a que no se tienen elementos para la nueva posibilidad, una suerte de segunda oportunidad.

Ayer varios estudiantes y sus familiares protestaron en CU exigiendo que no se aplique de nuevo un examen y que quienes aprobaron se les otorgue el ingreso. Como están las cosas, no hay manera de que esto pudiera presentarse. La comisión ha hecho una escrupulosa revisión tratando, por encima de todo, que los estudiantes que hayan tenido un primer examen positivo, haya sido como fuere, se les otorgue la oportunidad de ingresar a la UNAM.

Lo que sigue siendo prioritario es saber exactamente qué fue lo que pasó, y cómo se pudo difundir el examen o el que alguien lo haya hecho en sustitución del estudiante que se hubiera registrado.

Esto es un pendiente importante, porque a pesar de que el asunto ya se está investigando requiere de una respuesta pronta, al final de todo quien queda expuesta es la UNAM. Hasta ahora la Universidad ha actuado con rapidez y todo indica que con efectividad.

El problema está en lo que pudo pasar al interior de la institución que permitió que se presentaran todas estas irregularidades, lo que incluye la responsabilidad que pueda tener la empresa que organiza los exámenes.

Es difícil para los estudiantes el estar en un escenario como éste. En algún sentido quienes no entraron en el juego de la trampa, con justa razón han de estar sorprendidos y molestos. Sin embargo, es importante hacerles ver que, si no entraron en el “examen de control” una de las razones es que su examen original no fue bueno, lo cual no les permitió entrar en esta segunda opción.

Se entiende la frustración que puede provocar todo esto. Pero también deben asumir que tienen una segunda opción el año que entra, el cual si bien se ve lejano es la única opción que tienen a la mano para ingresar a la UNAM.

El examen de admisión siempre será un momento crítico y tenso. A esto se suma que la formación media superior en el país es profundamente irregular. Muchos estudiantes, a pesar de que aprueben el examen de admisión al entrar a la UNAM, o cualquier otra, enfrentan una serie de problemas escolares que obligan a los maestros a retomar objetivos académicos que los estudiantes debieron haber alcanzar en su proceso preparatoriano.

La UNAM tendrá que enfrentar las secuelas de este proceso. Lo que está pasando ha servido para que críticos de la Universidad arremetan contra la institución, lo que incluye la idea de la admisión a través de otros métodos que no sean el examen, lo cual es definitivamente la peor de las salidas.

El problema, con todo y la alternativa del “examen de control”, el cual está establecido en el reglamento del examen de admisión, no va a desaparecer. La Universidad tendrá que responder pronto a las protestas de aquellos que están ya fuera de cualquier posibilidad de ingresar a la institución.

El problema puede crecer y enquistarse, porque habrá más de alguno que quiera aprovechar la coyuntura y, sobre todo, estando la Universidad de por medio.

Esto no ha terminado. Vienen las secuelas. En la UNAM tienen que pensar lo que se puede venir, porque desde fuera más de alguno tiene a la Universidad en la mira.

Muchos de los aspirantes rechazados están peleando lo que consideran su derecho a ingresar. La comisión que investiga el caso ha concluido que habrá que aplicar un “examen de control” en el cual participen las y los aspirantes que hayan obtenido un determinado número de aciertos, lo cual les permite de nuevo participar a través de esta alternativa.

Difícilmente se le podrán ofrecer alternativas a todas y todos que no alcanzaron determinado número de aciertos debido a que no se tienen elementos para la nueva posibilidad, una suerte de segunda oportunidad.

Ayer varios estudiantes y sus familiares protestaron en CU exigiendo que no se aplique de nuevo un examen y que quienes aprobaron se les otorgue el ingreso. Como están las cosas, no hay manera de que esto pudiera presentarse. La comisión ha hecho una escrupulosa revisión tratando, por encima de todo, que los estudiantes que hayan tenido un primer examen positivo, haya sido como fuere, se les otorgue la oportunidad de ingresar a la UNAM.

Lo que sigue siendo prioritario es saber exactamente qué fue lo que pasó, y cómo se pudo difundir el examen o el que alguien lo haya hecho en sustitución del estudiante que se hubiera registrado.

Esto es un pendiente importante, porque a pesar de que el asunto ya se está investigando requiere de una respuesta pronta, al final de todo quien queda expuesta es la UNAM. Hasta ahora la Universidad ha actuado con rapidez y todo indica que con efectividad.

El problema está en lo que pudo pasar al interior de la institución que permitió que se presentaran todas estas irregularidades, lo que incluye la responsabilidad que pueda tener la empresa que organiza los exámenes.

Es difícil para los estudiantes el estar en un escenario como éste. En algún sentido quienes no entraron en el juego de la trampa, con justa razón han de estar sorprendidos y molestos. Sin embargo, es importante hacerles ver que, si no entraron en el “examen de control” una de las razones es que su examen original no fue bueno, lo cual no les permitió entrar en esta segunda opción.

Se entiende la frustración que puede provocar todo esto. Pero también deben asumir que tienen una segunda opción el año que entra, el cual si bien se ve lejano es la única opción que tienen a la mano para ingresar a la UNAM.

El examen de admisión siempre será un momento crítico y tenso. A esto se suma que la formación media superior en el país es profundamente irregular. Muchos estudiantes, a pesar de que aprueben el examen de admisión al entrar a la UNAM, o cualquier otra, enfrentan una serie de problemas escolares que obligan a los maestros a retomar objetivos académicos que los estudiantes debieron haber alcanzar en su proceso preparatoriano.

La UNAM tendrá que enfrentar las secuelas de este proceso. Lo que está pasando ha servido para que críticos de la Universidad arremetan contra la institución, lo que incluye la idea de la admisión a través de otros métodos que no sean el examen, lo cual es definitivamente la peor de las salidas.

El problema, con todo y la alternativa del “examen de control”, el cual está establecido en el reglamento del examen de admisión, no va a desaparecer. La Universidad tendrá que responder pronto a las protestas de aquellos que están ya fuera de cualquier posibilidad de ingresar a la institución.

El problema puede crecer y enquistarse, porque habrá más de alguno que quiera aprovechar la coyuntura y, sobre todo, estando la Universidad de por medio.

Esto no ha terminado. Vienen las secuelas. En la UNAM tienen que pensar lo que se puede venir, porque desde fuera más de alguno tiene a la Universidad en la mira.

RESQUICIOS.

Suponemos que detrás de los machetazos en contra de las escuelas militarizadas, existe un programa, o algo parecido, que permita resolver el presente-futuro de los estudiantes que estaban en ellos; suponemos.

Suponemos que detrás de los machetazos en contra de las escuelas militarizadas, existe un programa, o algo parecido, que permita resolver el presente-futuro de los estudiantes que estaban en ellos; suponemos.