Los debates son positivos

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Por Uriel Flores Aguayo

Vivimos tiempos de abundante información, tenemos saturado el espacio público. Cuesta trabajo atender algún dato o ciertas opiniones. Las noticias se suceden, incluso sacuden el entorno social, y desaparecen. La gran nota de la mañana se esfuma en la tarde o, si acaso, llega al otro día.

Estamos sobre, súper, informados. Es la realidad actual, independientemente de lo que pensemos. Es un auténtico desafío intelectual. Se requieren antecedentes y criterio propio para seleccionar la información. Son la educación y la cultura en general los frenos de la desinformación y sus efectos de mentiras y manipulación. Quien crea que está haciendo cambios porque formuló una grave denuncia o hizo hasta payasadas para llamar la atención, está en un error y sobreestimando sus alcances.

La cantidad y la  velocidad informativa apenas dan tiempo para darse cuenta de lo que pasa a nuestro alrededor. Es como casar miles de moscas con una cuchara, casi no hay manera, pero tampoco existe otra opción. Es cuestión de resistir y promover la verdad, darle centralidad a lo más importante, esto es, temas de nivel y, especialmente, de interés colectivo. Es clave impulsar el diálogo en la sociedad para tender puentes de entendimiento, de tal manera que se construya un piso común de lo que se considera indispensable. Hablando se entiende la gente, reza el dicho popular, y es cierto.

Diálogo, verdad, calidad en la información, credibilidad de las fuentes, pruebas y argumentos son los pilares de una convivencia civilizada, incluyendo una conversación pública de mejor nivel y mayor amplitud.

Los escándalos llegaron para quedarse, son los tiempos: en las redes te hunden o te elevan, es el escenario dominante del debate público. Mejorar nuestra vida pública es una tarea concreta e indispensable para no sucumbir en el intento de la responsabilidad social, que es también democracia. Es tarea general estar en el campo de lo público, no reducirlo a pequeños grupos y mantenerlo siempre abierto.

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