¿Pues qué pasó?
Por Javier Solórzano Zinser
Algo pasó en Chihuahua de lo cual quizá algún día nos enteraremos. La gobernadora cambió su narrativa de manera significativa. Después de que fue severa sobre las acusaciones que le habían hecho sobre la forma en que se llevó a cabo un operativo en que se encontró el laboratorio más grande de fentanilo en el país, pasó a señalar a uno de sus más cercanos.
De la defensa de la Fiscalía estatal, la cual al igual que todas no son tan autónomas, pasó a tomarle distancia al exfiscal, quien ahora está en Almoloya acusado, ni más ni menos que de “traición a la patria”.
Algo está pasando entre los panistas del estado. Muchos de ellos salieron a las calles a defender a César Jáuregui. No comparten la distancia que ha tomado la gobernadora, quien ahora enarbola el lugar común de que “nadie está por encima de la ley”.
Los defensores de Jáuregui aseguran que es víctima de las circunstancias y terminó por ser una moneda de cambio. El exfiscal tenía pretensiones políticas. Manifestó su interés por ser, al menos, presidente municipal de la capital.
El gobierno de Chihuahua desde el inicio confundió en sus versiones. Lo que en un primer momento fue confeti, serpentinas y fiesta, terminó de manera confusa, evasiva y contradictoria. En la medida en que explicaban no quedaba claro cómo se había llevado a cabo el operativo, sobre todo, por la presencia de agentes de EU. De la euforia por lo que, sin duda, fue un gran hallazgo, pasaron a la confusión y a ser señalados, lo que pasó a segundo plano lo hecho, lo cual seguramente se planeó en colaboración con agentes de EU.
Al paso del tiempo fue quedando claro que participaron agentes de la CIA y que el gobierno estatal no informó del operativo al Gobierno federal, siendo que era su obligación, era asunto de seguridad nacional.
No queda claro por qué no se informó y por qué confundieron en el momento inicial con las versiones. La gobernadora pasó de ser reconocida a entrar en los terrenos del cuestionamiento. En la euforia hubo quienes la vieron como prospecto para el 2030 en medio de la ausencia de personajes de peso en el panismo y en general en la oposición.
Maru Campos se fue diluyendo a lo cual se sumó que los muchos adversarios que tiene en Morena, lo que incluye a panistas y particularmente un exgobernador de su estado, se le fueron encima. Las últimas decisiones en las cuales se ha visto involucrada llevan a pensar que quizá tuvo que negociar la cabeza de su exfiscal para proteger la propia.
Mientras todo esto pasaba, la grilla política se desató. Si participó o no la gobernadora en ella no se sabe. Lo que sí se evidenció, es que quien quería correr por la libre, amparada y muy apoyada por un pequeño e influyente sector del morenismo, terminó con un premio de consolación. La senadora con licencia no fue considerada como coordinadora no tanto por las encuestas, sino por decisiones políticas en las cuales ella se vio involucrada y en las cuales incluso, en un acto fuera de lugar, terminó hasta cierto punto enfrentada a la Presidenta.
Estos lances van a dejar como secuela, uno de ellos es que el PAN difícilmente conservará la gubernatura. Da la impresión de que se le viene la noche. La gobernadora, su principal bastión, se encargó, a querer o no, de dejar en evidencia a su gobierno y a su partido.
César Jáuregui, sea o no chivo expiatorio, se quedará un tiempo en Almoloya. Las acusaciones de “traición a la patria” se mueven en terrenos pantanosos. De lo que se trata es de acusarlo más allá de lo que le han señalado en Chihuahua.
La Presidenta quería dar una muestra de lo que para ella es la soberanía, y el no injerencismo en tiempos en que Trump dirige la orquesta y dicta el ritmo del baile.
RESQUICIOS.
Mientras la dirigencia del sindicato del IMSS ve con buenos ojos el aumento al 4% al salario, la disidencia, que cada vez es mayor, de plano lo rechaza. Las diferencias están por todos lados, empezando por el diagnóstico del problema central.