Por Uriel Flores Aguayo
Nuestra Xalapa es la casa común de quienes la habitamos y de quienes la visitan. Su vida pública y funcionamiento nos atañe colectivamente. Como es natural, tiene sus cualidades y defectos, avances y rezagos, luminosidad y grises. No hay un punto final en nada de sus zonas y ambientes, algo que exista para siempre; todo es un proceso de mejorar. Tampoco debe darse por obvio que sus méritos son para siempre y que caminan solos; no, los ciudadanos deben involucrarse en lo social y las autoridades municipales renovarse para atender bien los nuevos tiempos.
Hay mucho que la gente puede hacer, en la medida que sea activa y comprometida todo funcionará mejor. El gobierno municipal recibe la estafeta cada cuatro años e inicia su recorrido propio; no tiene sentido voltear hacia atrás para criticar, es mejor mantener lo positivo y modificar lo que ya no es útil; se requiere plan, visión y estrategia, operado por las autoridades tanto electas como designadas.
Afortunadamente en la administración actual, de la alcaldesa Daniela, se observa seriedad y mística de trabajo: tono amable e incluyente, dinamismo y despliegue para acciones directas y concretas. La condición gobernante hace posible el qué y el cómo, de lo que resultan obras y servicios, con respuestas y soluciones a las necesidades de la sociedad. Desde el ejercicio de autoridad se traducen las ofertas de campaña en políticas públicas y las aplican nuevos funcionarios. Al contrario, quienes disientan, se opongan o simplemente quieran dar nota proselitista no requieren hacer mayor esfuerzo programático y de propuestas; basta que digan no y señalen lo que consideran deficiente. Claro que podrían hacerlo mejor y usar su tiempo y recursos para proponer algo más que generalidades, evitando, sobre todo, las ocurrencias y lo banal.
Así como Xalapa, cuenta con autoridades de probada capacidad y formales en su trabajo, nada mal estaría que se perfilaran fuerzas políticas distintas a la mayoritaria que destaquen por su elaboración programática, aportación de ideas, críticas constructivas y liderazgos serios. Xalapa lo merece. Es fundamental la convocatoria abierta y accesible a la ciudadanía, su más amplia participación en la garantía de servicios públicos, en la colaboración con la seguridad ciudadana, en jornadas culturales y deportivas, en las obras y en el cuidado del agua y las áreas verdes. Con la ciudadanía informada y comprometida, es más fácil y completo hacer de Xalapa un municipio y ciudad hospitalaria y con mayor calidad de vida.
Recadito: estamos viviendo una primavera extraña.