Quebradero

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Se viene la larga ceremonia del adiós

 

 

Por Javier Solórzano Zinser

 

 Se ve difícil que la oposición pueda ganar la Presidencia. La mayoría de las encuestas muestra una superioridad de Morena que, si no hay imponderables, difícilmente podrá ser revertida. Si bien las encuestas son fotografías del momento en este caso son una tendencia.

Es cierto que se está tratando de crear un ánimo en este sentido, pero también en los hechos no se alcanza a apreciar que el partido del Presidente vaya a perder.

Crear la idea de que el resultado está definido desalienta la participación y forma parte de estrategias que buscan definir la elección antes de que se lleve a cabo.

Todo indica que la sociedad mexicana está dispuesta a darle una segunda oportunidad a Morena. Es probable que no haya mucho que presumir en función de resultados en el sexenio hasta ahora; sin embargo, la esperanza sigue siendo en algún sentido el fiel de la balanza en el imaginario colectivo.

Seguramente en esta parte final se van a ponderar al máximo los resultados de su administración. Seguramente también el “yo tengo otros datos” aflorará, pero tarde que temprano llegará la terca realidad, la cual tendrá que enfrentar la futura gobernante.

Algunos de los problemas que tenemos y otros que nos aparecerán, derivado de las políticas y no políticas actuales, están bajo el síndrome de patear el bote.

El gran dilema para quien gane está en el cómo enfrentar los problemas en materia de salud y educación. No va a ser fácil la gobernabilidad sin tener rompimientos por más que sean cuidadosos con la presente administración; cómo se van perfilando los escenarios no le va a quedar de otra a la corcholata favorita.

Lo que no está definido es como se acabará armando el rompecabezas político en función de organizaciones como Movimiento Ciudadano. A pesar de las críticas cartas públicas que el máximo dirigente de MC le ha enviado al Presidente en estos años no se vislumbra del todo un rompimiento con el tabasqueño, quien ha ido llevando al partido, digan lo que digan en MC, por los rumbos en que ha querido.

Las campañas adelantadas nos mostraron lo que se nos viene. Con los escenarios definidos vamos a tener una extensión de los riesgosos terrenos de la legalidad e ilegalidad que se nos ha cruzado. No es aventurado adelantar que vamos a tener en nuestra cotidianidad una infinidad de demandas y denuncias, las cuales no necesariamente van a tener espacios que permitan y fortalezcan el Estado de derecho.

Éste va a ser uno de los principales problemas que se vienen. El cuestionamiento sistemático a los aparatos de justicia es una manera de crear un ánimo en contra de ellos, lo cual va a acabar siendo utilizado cuando entremos en terrenos que podrían ser adversos para el Presidente y su partido.

No vemos cómo López Obrador vaya hacerse a un lado para dejarle el terreno a su candidata. Será un escenario nuevo, pero el Presidente seguirá pesando y las mañaneras seguirán siendo el elemento para la gobernabilidad sin que la narrativa vaya a cambiar.

Lo que por ahora va quedando claro es que la oposición está lejos de ganar la Presidencia, pero cerca de ser competitiva en algunos estados, sobre todo en el Congreso. Uno de los procesos más atractivos, políticamente hablando, es lo que pueda suceder en la capital, la cual, como se ha visto desde finales de los 90, tarde que temprano acaba teniendo una influencia electoral en el país.

Va a ser una larga ceremonia del adiós. La incógnita es cómo se va a ir y si en verdad lo hará, o dirigirá el tránsito hasta donde le sea posible desde su rancho de nombre “la chingada”. López Obrador apunta para ser el Presidente más fuerte y popular de la historia reciente en su último año.

RESQUICIOS.

Reconoce el presidente del PRI que no le está siendo favorable la tendencia a Beatriz Paredes. Está adelantando lo que viene. Como fuere, la tlaxcalteca se reinventó y como están las cosas es un personaje que la oposición debe colocar en primera fila.