Albert Camus, el extranjero de dos tierras

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Por Sandra Luz Tello Velázquez

Optimista respecto al presente y pesimista en la visión de futuro, era una de las perspectivas del escritor francés-argelino Albert Camus, anarquista que cuestionaba sus propias convicciones, insistente en un idealismo moral delineado por la justicia  y la libertad para todos, no se consideraba ateo, pero si rechazaba las ideologías religiosas, opuesto al marxismo y se apartaba del existencialismo.

Creyente del ser humano, conocedor de su sufrimiento, porque lo compartió con muchos desde su infancia en Argelia, en donde se desarrolló al lado de su madre, huérfano de padre, creció solo, aprendió solo, encontró la fuerza y la verdad para nacer por fin como hombre y volver a nacer para los otros, intentando ser un hombre a la altura de otros hombres; aunque expatriado y menospreciado en su nación natal porque no se consideraba árabe, sino un extranjero en su tierra.

Como tantas personas en el mundo, el origen y apellido de Camus no corresponden a la gente y a la tierra que le vio nacer, de apellido francés, descendiente materno español, marcado por los matices de la cultura europea y criado en un país que le era extraño, por lo tanto, enfrentado a la indiferencia, a la saña y a los intentos del gobierno de su país para callar su voz de periodista.

Albert Camus fue descendiente de aquellos que no pueden darse el lujo de construir una memoria patriótica, porque la memoria de la pobreza contiene puntos de referencia de una vida gris, menos alimentada, sin aspiraciones, limitada y es como la de otros extranjeros que rara vez retornan al lugar del que provienen.

Camus exploraba la condición humana en un proceso de la existencia que se encuentra en situaciones absurdas, llevado al extremo, desligado de los valores morales que presuntamente dan sentido a la vida, con ello el hombre se transforma en un pensador del absurdo, indiferente al bien y al mal, en cuya existencia pura y simple no hay significación del goce o del dolor humano.

Finalmente, la obra de Albert Camus sigue representando un cuestionamiento acerca de la confrontación entre la búsqueda del ser humano y el silencio irracional del mundo.

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