Quebradero

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Sedena, entre lo informativo y persecutorio

Por Javier Solórzano Zinser

Vamos a pasar largos momentos en la revisión de los documentos del grupo Guacamaya.

Si bien algunos temas de alguna manera se conocían, han ido apareciendo otros que merecerían una reacción muy distinta de la cual se está teniendo.

Se ha tratado de minimizar y menospreciar el material. La lógica indicaría que tiene que hacerse un acuse de recibo y que no puede quedarse el gobierno como si nada estuviera pasando. Quizá no se le quiere dar importancia, porque en el fondo el hackeo exhibe al gobierno y, sobre todo, a la dependencia más favorecida y utilizada del sexenio.

En medio de la gran cantidad de asuntos que están ante nosotros, vale la pena revisar el contenido del material en forma y fondo.

La forma en que se analizan y visualizan las cosas muestra metodologías de investigación carentes de elementos que pudieran precisar el trabajo que se hace. En algunos casos se abordan los temas de manera muy especulativa sin abrir espacios a un análisis más profundo en función de la importancia que tiene el material para la dependencia.

La metodología tiene mucho de lo que se hacía en los 60, 70 y 80 en el análisis de los actores políticos y sus movimientos que se hacían en la Segob. Los “informantes” reportaban desde diferentes lugares bajo su particular perspectiva. Los reportes eran elementales sin que tuvieran una metodología para abordar lo que se investigaba, en muchos casos el reporte terminaba por ser parte de la estrategia a seguir.

Los “informantes” aderezaban su trabajo con la lectura de periódicos, lo cual en algún sentido era el eje de lo que reportaban. Era tal la subjetividad, que la forma en que se explicaban los hechos y la forma en que se hacía referencia a personajes podría ser vista de múltiples maneras. Muchas veces con tal de tener algo que decir se reportaban de manera definitivamente imprecisa.

Quienes recibían los “informes” eran secretarias, las cuales hacían su trabajo auténticamente como podían. Utilizaban un gancho de ropa de alambre para fijarlo al teléfono, al tiempo que la otra parte del gancho se colocaba en la cabeza, una suerte de diadema, lo que les permitía tener las manos libres para poder escribir en las viejas máquinas Olivetti.

No sabemos cómo y quién esté haciendo los reportes en la Sedena. Presumimos que son militares que se han ido especializando en las tareas de información y análisis. De lo que hay evidencia es que en muchos casos las cosas se ven bajo la misma tónica de lo que maneja el gobierno.

Una prueba de ello es que ubican padres y madres de niños con cáncer como grupos subversivos, muy a la manera de lo que dice el cada vez más y más señalado vocero, nos referimos al investigador que se metió en la politiquería.

En muchos casos prevalecen en los reportes elementos que tienen que ver con el cómo ve el gobierno las cosas, no pareciera que exista un criterio propio y un análisis profundo y propio de las cosas. Prevalece el maniqueísmo en el que se ha caído en estos 4 años.

Es preocupante que la Sedena vea así las cosas, porque si bajo estos esquemas actúa cualquier acción democrática en libertad podría ser señalada, más que un criterio informativo prevalece un criterio persecutorio.

Ya que estamos viendo las tripas de la Sedena, lo cual la tiene peligrosamente expuesta, sería importante conocer los criterios bajo los cuales hace su trabajo, porque al final los ciudadanos son los que eventualmente somos afectados.

Algunos de los reportes son básicos, como aquel de que México puede ser campeón en el próximo mundial ante lo cual hay que tener cuidado, porque la gente va a salir a festejar; cómo ve.

RESQUICIOS

Ya resulta demasiado obvio cómo la Jefa de Gobierno se la pasa en plena campaña. El problema le va a aparecer al INE seguramente en medio de las impugnaciones de los morenistas haga lo que haga. La otra parte del problema somos los capitalinos con una Jefa de Gobierno urgida por hacer campaña.

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