Quebradero

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La provocación y el reto

Por Javier Solórzano Zinser

La semana pasada fue una de las más brutales de la presente administración. Lo vivido en Zacatecas, Jalisco, Guanajuato, Chihuahua y BC pone de nuevo a prueba la estrategia del gobierno en seguridad.

Como en pocas ocasiones en los últimos años los ciudadanos se vieron afectados por lo que está pasando. Si bien no es la primera vez en que se presentan agresiones directas contra ellos, lo sucedido particularmente en Ciudad Juárez y Tijuana rompe los precarios equilibrios, pero sobre todo expande incertidumbre y temor; no casualmente se tuvo que posponer el partido de futbol entre Bravos y Pachuca en Juárez.

El Gobierno federal no puede explicar las cosas en función de la herencia que dejaron administraciones anteriores, particularmente la de Felipe Calderón. No se pasa por alto lo que ocurrió en el sexenio panista, pero López Obrador lleva cerca de 4 años gobernando y muchas de las cosas que están pasando ya están en su ventanilla.

Se sigue adoleciendo de una coordinación entre los gobiernos estatales y federal. En Guanajuato ha sido una constante, la cual ahora quedó en evidencia en Jalisco y BC. La falta de coordinación lleva por momentos a dar palos de ciego. Mientras no haya una relación directa en eventos como los de la semana pasada entre los policías locales, Guardia Nacional y Fuerzas Armadas va a ser muy difícil cualquier tipo de respuesta.

Si la razón pasa porque son gobiernos de partidos de oposición, el asunto resulta inexplicable, no es el caso de BC. El Presidente gobierna para todos trátese de quien se trate, te caiga bien o mal.

La sacudida de la semana pasada evidencia que la estrategia en seguridad merece una revisión, porque con base en lo sucedido y lo que ha venido pasando no se vislumbra que en el corto y mediano plazo pudiera ofrecer resultados tangibles.

No está siendo cuestionado que el Presidente planteé dentro de su estrategia la importancia de atacar las raíces de los problemas. La cuestión es que muchas de las cosas que están pasando en el país están siendo muy difíciles de revertir, porque forman parte de formaciones sociales que se han enquistado a lo largo de mucho tiempo.

El problema del actual gobierno es que prometió un cambio que desde donde se vea, sin importar quién gobierne, difícilmente se puede resolver de manera integral. No es un asunto de voluntades, la terca realidad lleva mucho tiempo abrumándonos, se requiere de tiempo y estrategias que van más allá de la militarización que estamos viviendo.

En medio de las muchas preguntas y análisis que merece la estrategia del gobierno no se puede pasar por alto que lo sucedido en Jalisco, Guanajuato y BC cae en los terrenos de la provocación y el reto. Quemar camiones, quitarle a los ciudadanos sus vehículos para también quemarlos, atacar tiendas y generar un clima de miedo forman parte de una estrategia de la delincuencia organizada para plantarse frente a la autoridad de frente y retarla.

Al final lo que estaba sucediendo es que los ciudadanos terminamos inhibidos, atemorizados, encerrados y sin querer asomarnos a las calles que son nuestras, las cuales nos las están quitando violentamente.

De alguna manera se debería tener información que permitiera conocer lo que pasa en algunas entidades que viven bajo la máxima de los focos rojos, por lo cual merecen sistemáticamente atención de las autoridades por la presencia de la delincuencia organizada y en el caso de Ciudad Juárez y Tijuana porque son ciudades fronterizas y con una alta carga migratoria.

Lo que pasó en Juárez y Tijuana es una provocación, una declaración de dominio del territorio y porque algo están viendo, lo cual puede pasar por variantes de la estrategia del gobierno.

RESQUICIOS

Lo que pasó la semana pasada deja en claro que la mayoría de quienes perpetraron los hechos fueron jóvenes. Desde hace tiempo se han venido uniendo a la delincuencia organizada, los jóvenes siguen sin encontrar salidas y los cárteles lo saben.

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