Quebradero

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La confrontación

Por Javier Solórzano Zinser

El origen de los medios se ha dado bajo una estructura empresarial como extensión del poder político, es una simbiosis en la que se ha basado la gobernabilidad; son parte del andamiaje de los aparatos ideológicos, agregaremos económicos, del Estado.

No se concibe el desarrollo de los medios sin la complicidad que han tenido a lo largo de su historia con el poder político. Le han servido a éste y se han servido de él para convertirse en un poder en sí mismo; son intereses comunes bajo los que se ha desarrollado la vida política y social de nuestra sociedad.

La complicidad ha alcanzado todos los niveles. Los medios han sido fundamentales para la gobernabilidad sin que necesariamente ello haya derivado en un factor positivo para la sociedad. Han sido y son un gran negocio, y también son la conjunción en tiempo y espacio de intereses, con todo y algunas desavenencias que han tenido, las cuales tarde que temprano se han resuelto; los medios y el poder político se pueden distanciar, pero difícilmente se confrontan.

Estas estructuras, cargadas más de sombras que de luces, son las que hoy tiene el Presidente en la mira. Las considera como parte fundamental del “viejo régimen”, al tiempo que las ve como uno de los ejes de sus derrotas electorales.

Los medios fueron claves en muchos de los ataques contra López Obrador. En diferentes momentos se trató de denostar al tabasqueño con tal de que no llegara a la Presidencia, sin los medios esto no hubiera sido del todo posible.

Son pasajes que el Presidente no olvida por ningún motivo. Sin embargo, lo que sí omite es el trabajo de periodistas y algunos medios que buscaron a toda costa darle espacios, con todos los riesgos que corrían los periodistas y los medios que lo hacían.

El Presidente ve la relación con los medios bajo blancos y negros. No es así, a lo largo de los últimos años han pasado muchas cosas que muestran matices en la relación, las cuales están lejos del maniqueísmo y estereotipo en que las ha encasillado el mandatario y su entorno.

En las referencias del Presidente sobre la “mafia del poder”, los medios eran parte fundamental. Sus críticas eran sistemáticas y todo indica que después de tres años de veladas críticas se ha regresado a los señalamientos de antes, con la diferencia que ahora tiene algo así como todo el poder.

Con los instrumentos que tiene el Presidente hoy las cosas adquieren otra dimensión. Su crítica a los periodistas no sólo pasa por cómo ve e interpreta su trabajo, también tiene que ver con las empresas para las que trabajan.

Algunos de los lances de estos últimos días empiezan a apuntar hacia las estructuras de los medios. Va quedando la impresión, quizá por ello, que se podría entrar en un proceso de autocensura con tal de no exponerse en ciertos temas, como se ha visto precisamente en estos días.

Lo que el Presidente no puede soslayar es que estamos en medio de una violencia brutal contra el ejercicio periodístico. Los reclamos son cada vez mayores en el país —es de destacar que como en pocas ocasiones se ha cohesionado solidariamente el gremio periodístico— y en el extranjero, lo cual puede molestar al Presidente, pero tiene bases para expresarse.

Los señalamientos cotidianos a periodistas crean un clima que no favorece al gremio. Más bien se termina señalando, pasando a segundo plano el contenido del trabajo que hacen, al final todo terreno en que son “adversarios” cuando puede tratarse de una crítica sustentada.

No se ve que esto vaya a cambiar. La clave está en que para que haya libertad de expresión debe existir condiciones para ejercerla. Las confrontaciones de hoy tendrán serias consecuencias, no hay que perderlo de vista.

RESQUICIOS

El Presidente tuvo un día difícil en Tijuana. En la mañanera, periodistas locales protestaron recordando a colegas muertos nombrando uno por uno. Por la tarde lo detuvieron tratando de que atendiera demandas ciudadanas; el que expone se expone.