Remembranzas

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La leyenda del Mictlán

 

Por Leticia Perlasca Núñez

 

La leyenda del Mictlán en realidad dio vida al Día de Muertos en México.

Según la tradición, los muertos no se van al cielo o al limbo, se van al Mictlán, una especie de inframundo conocido como la Tierra de los Muertos, que implicaba un largo viaje para las almas en busca de su último lugar de descanso.

Al Mictlán se llega, según cuenta la leyenda, después de un viaje de cuatro años en los que las almas van recorriendo los distintos niveles del inframundo, después del cual llegan a un estrecho río en el que un perro los ayuda a cruzar al otro lado. La historia dice que, siguiendo el proceso del viaje, la muerte no es instantánea o una desaparición, es algo que le va pasando a las almas lentamente, que finalmente se van por completo al dejar de existir en los recuerdos de los vivos.

La muerte no es súbita, es una transformación gradual hasta desaparecer, cuando se esfuma de la memoria de sus descendientes. Esta idea proviene del siglo XVI y pertenece más a la nobleza. Más tarde este discurso se enriquece con la Revolución Mexicana y comienza una recuperación de esa tradición. De hecho, Diego Rivera inventa la Catrina con su mural del Museo del Prado y difunde la obra de José Guadalupe Posada.

Actualmente se registran dos tipos de celebraciones: La de Mictlán,  y esas estructuras con calaveras y la de los pueblos modernos, quienes establecen ofrendas en sus hogares, con niveles de piso.

Ayaotekatl, perteneciente a una de las siete tribus mexicas sobrevivientes en México (las otras son xochimilcas, chalcas, culhuas, tlahuicas, tlaxcaltecas y mexicas) festeja el día de muertos con altares llenos de fruta, comida, pulque y hasta quesadillas, es decir, todo aquello que le gustaba a sus seres queridos.

De esta manera, cada año, los días 1 y 2 de noviembre se colocan altares de muertos con flores y alimentos, recordando a nuestros seres queridos que ya han partido al más allá.

Los objetos básicos incluyen veladoras, sal, incienso, calaveritas de azúcar, tamales, el tradicional pan de muerto y flores de cempasúchil. No dejemos morir la celebración del día de recordar a nuestros fieles difuntos, debemos preservar las tradiciones y trasmitirlas a las nuevas generaciones. Enhorabuena.

 

@PerlascaLety

FB Leticia Perlasca

 

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