Quebradero

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El PRI, en su tobogán

Por Javier Solórzano Zinser

El PRI no se ha sacudido el tsunami del 2018, el cual se había asomado en 2015.

El tricolor cargó y sigue cargando con el desprestigio que le ha provocado su desaseado y en muchos casos corrupto ejercicio del poder por décadas, se movieron bajo la impunidad. Ellos se juzgaban a sí mismos y por ello todo terminaba por ser discrecional y bajo los lineamientos de quienes estuvieran en el poder.

La llegada de Peña Nieto hay que entenderla más como el deterioro de las presidencias panistas que como una recompensa al tricolor. Al mismo tiempo, el candidato del PRD hoy Presidente no logró en ese momento entrar en los ánimos de la sociedad.

Por más que digan lo contrario en el PRI, el tricolor sigue sin hacer un auténtico acuse de recibo de su catastrófica derrota, la cual fue un castigo que se sumó a un apoyo a López Obrador. Es muy probable que cerca de 10 millones de votos que originalmente pudieron haber sido para el PRI cambiaran de rumbo para otorgárselos a Morena, pero, sobre todo, para apoyar al tabasqueño.

El tricolor sigue teniendo en algunos estados una presencia importante derivada del pasado y que en muchos casos lograba establecer programas sociales y cuotas de poder, las cuales de alguna manera se mantienen, pero, en otros casos, tienen otros dueños.

Morena ha avanzado sin duda por méritos propios, pero la película completa de su triunfo tiene mucho que ver con el deterioro del PRI y el PAN. Quizás este último partido vaya entendiendo mejor lo que pasó en 2018, al tiempo que no se puede soslayar que mucho tuvo que ver que en las pasadas elecciones, se puso de manifiesto el deterioro y soberbia con los que se ha manejado Morena, particularmente en la capital.

Muchas voces al interior del partido del Presidente ya habían llamado la atención sobre esta actitud. En las elecciones del año pasado en Hidalgo y Coahuila quedó claro que en Morena creyeron que con el Presidente y el emblema del partido en las boletas ganarían, al final, sobre todo en el estado norteño, auténticamente les pasaron por encima.

El PRI resolvió la última elección no necesariamente por sus virtudes. En algunos casos se llegó a pensar que incluso podía perder el registro, lo cual era remoto porque, como sea, el partido sigue teniendo una presencia nacional, a pesar de la forma en que perdió un buen número de gubernaturas.

Quedó claro que en algunos estados el PRI todavía respira. Llama la atención lo sucedido en el Edomex en donde el tricolor arrebató municipios y diputaciones locales que se pensó caerían en manos de Morena y el PAN, en ese orden.

Poco importó que en el caso de algunas elecciones para gobernador los mandatarios estatales de origen tricolor tuvieran aceptables niveles de popularidad, léase Sinaloa, Sonora, Guerrero, entre otros. Las derrotas mucho tuvieron que ver con los ánimos como se ve el tricolor.

En el PRI no están para hacer, por ningún motivo, cuentas alegres por más que tengan más diputados federales. En buena medida se debe a la alianza que construyeron con el PAN y PRD, sin pasar por alto el hartazgo que en algunos municipios y distritos ya provoca tanto el Presidente como su partido.

La bronca en las inmediaciones de las oficinas del tricolor tiene mucho que ver con lo vivido en el partido desde hace años.

Presidencias confusas, enojos colectivos, ausencia de rumbo, carencia de análisis y autocrítica sobre lo sucedido en 2018, junto con la búsqueda de apoderarse del tricolor, ya sea para entrar en el quítate tú pa’ ponerme yo, para hacer alianzas con Morena, o para sobrevivir; en eso andan.

RESQUICIOS

Se van sumando situaciones que será inevitable que tengan consecuencias para el gobierno. Algunos asuntos ya están metidos en el imaginario colectivo; ahora sumemos las declaraciones del afamado vocero que han repercutido en los ánimos, dolores, sensibilidades no sólo de los padres y madres de familia con hijos e hijas con cáncer; tarde que temprano se las van a cobrar.

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