Quebradero

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El gabinete y su zona de confort

Por Javier Solórzano Zinser

Las cosas se mueven al son del mandatario bajo la lógica de las responsabilidades derivadas del proceso electoral en el ejercicio de la gobernabilidad.

Sin embargo, la abierta concentración del poder acaba por quitarles iniciativa y capacidad de maniobra a los integrantes de su equipo. Da la impresión de que su pensamiento e ideas tienen que ir de la mano de la imagen y semejanza del mandatario.

Es difícil que los funcionarios se vayan por la libre. La lealtad es uno de los valores más importantes para López Obrador, si no hay lealtad e incluso cierta sumisión pueden terminar como la extitular de la Función Pública.

Tiene lógica que su gabinete se mueva bajo la premisa de entender quién es el jefe y quién manda. Lo que ha venido a pasar en la práctica es que algunos se hacen a un lado sin reparo alguno.

Estos años hemos visto formas que confirman que se ha concentrado el poder como quizá no sucedía desde Carlos Salinas de Gortari, para hablar de años recientes. El “innombrable” perdió de manera brutal, en medio del caos, el poder al final de su sexenio; el final fue un auténtico desaguisado, pero mientras lo tuvo lo utilizó a diestra y siniestra.

El férreo control que el Presidente mantiene sobre casi todos los asuntos de su gobierno coloca a sus funcionarios bajo dinámicas en las que les queda claro hasta dónde pueden llegar. Si en anteriores administraciones en los equipos de gobierno los secretarios se podían mover con cierta libertad, en esta administración esto no pasa, de no ser que surja lo inesperado.

El equipo del Presidente no solamente asume su circunstancia, también se ha ido mimetizando con todo lo que dice y hace el tabasqueño. No queda claro si al interior del gobierno puedan plantearse críticas, se habla con insistencia de que este terreno está vedado, pero no tenemos elementos para poder asegurarlo; como sea hay signos de ello.

El colapso de la Línea 12 viene a confirmar los terrenos de la concentración del poder y quizá también el intento de no dejar desamparada a la Jefa de Gobierno. En un primer momento diferentes instancias se encargaron del asunto hasta que las cosas empezaron a caer en el ámbito presidencial.

No se sabe cuáles fueron los términos de las reuniones entre el Presidente, Carlos Slim y la Jefa de Gobierno. Lo que se supo de la primera es que el mandatario será el encargado de dar a conocer los detalles sobre la reconstrucción y no dudamos que en poco tiempo también queden en él las investigaciones.

Las declaraciones del afamado vocero sobre los padres y madres de familia de los niños con cáncer pudieran formar parte de una “narrativa” que parte de Palacio Nacional en donde se construyen los procesos de mimetización. Las referencias a los tiempos de la “Guerra Fría”, cuando EU se metía de manera abierta en América Latina y en el mundo, son parte de las explicaciones que no sólo se esgrimen para este tema, sino para muchos otros.

No se puede soslayar el papel hegemónico que juega EU, gobierne quien gobierne dicho país. Sin embargo, la dinámica de nuestras naciones ha venido entrando en nuevas coyunturas en que ciertas fórmulas ya no caben o se desarrollan bajo de manera distinta ante las cuales nunca hay que bajar la guardia.

Lo que no se vale es utilizar referencias conspiracionistas para evadir un problema que es responsabilidad del gobierno, como tampoco se vale a estas alturas señalar al pasado como eje de todos nuestros males.

En la medida en que el gabinete se haga valer muchas cosas podrían cambiar, no les vendría mal salir de su zona de confort; al final el perjudicado o beneficiado será el mismísimo Presidente.

RESQUICIOS

Esperanza Paz, madre de Hermes, un niño enfermo de cáncer, nos dice: “Llevamos dos años esperando los medicamentos. No entiendo cómo pueden decir que somos golpistas cuando lo único que queremos es la salud de nuestros hijos. Yo le diría al Presidente que dé la cara y a Gatell, nada porque no tiene remedio”.

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